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domingo, 8 de septiembre de 2013

JOHANNES BRAHMS – GEISTLICHES LIED Op. 30



Ya en otras muchas ocasiones me he manifestado como persona no creyente. Soy ateo, pero no porque me crea muy listo, o por que lo sea, o porque tenga unos inmensos conocimientos de física y matemática y crea poder demostrar que la existencia de un dios es algo imposible, o en todo caso indemostrable. Yo, de jovencito, fui creyente, y poco a poco fui perdiendo la fe: primero pasé a autodenominarme agnóstico pero con el paso del tiempo pensé que era más sincero llamarme ateo. No lo sé, pero quizá los creyentes encuentren consuelo, auxilio, esperanza en su fe; en tal caso deben sentirse muy afortunados.
Yo no creo en dios, pero creo en otras cosas: creo en la bondad, en el amor, en la honradez, creo en las estrellas y el universo entero, creo en la poesía, en la música, creo en una mirada pura reflejo de un corazón puro, en fin, creo en cosas así. Lamentablemente puedo afirmar que creer en estas cosas no me dan consuelo, ni esperanza, ni vienen en mi auxilio cuando necesito paz, consuelo, esperanza. Cuando estoy abatido no tengo a qué recurrir para salir adelante. Sólo puedo aferrarme a mis creencias –humanas, terrenales, no divinas-, aunque es este un ejercicio terriblemente duro, y casi se muestra inútil para lo que lo requiero; cuando has perdido la esperanza, cuando sientes que lo has perdido todo, necesitarías una intervención divina, milagrosa. No obstante, uno no puede cambiarse de camisa, ponerse una casulla, o una sotana, y santas pascuas: ya tienes fe y asunto zanjado. No, has de bregar, has de seguir luchando, aun cuando en torno a ti no ves más que cenizas, ruinas, desolación, tristeza y soledad, todo ello en grado infinito; no sé de dónde, no sé cómo, pero has de resistir el paso de las horas y cada uno de sus minutos, has de sacar fuerza de donde sólo hay flaqueza y debilidad, dolor, sufrimiento y desesperanza; has de ser hombre, has de ser mujer, en el más amplio sentido de la expresión, has de apretar los dientes y seguir un trecho más, y luego otro, y otro, poco a poco. Has de intentar levantar la cabeza, recobrar la compostura, ponerte bien erguido y en nombre de tus creencias, y siendo consecuente con ellas, intentar seguir haciendo lo que quiera que sea para lo que has venido aquí, a este mundo. Has de seguir siendo.
El lector avisado ya habrá notado que estoy un poco jodidillo. Les ruego me disculpen, espero poder pronto escribirles con buen humor, incluso intentar arrancarles una sonrisilla.
La música que hoy les traigo tiene, hasta cierto punto, algo que ver con todo lo que acabo de decir. Se trata de una canción que escribió Brahms, quien no era lo que se dice un gran creyente, para coro con acompañamiento de órgano: «Geistliches Lied» (Canción espiritual) Op. 30. Quizá haya escrito todo lo de arriba para paliar algo imperdonable: he dedicado más de dos horas a buscar la traducción del texto al español y he logrado un perfecto fracaso; presentaré el texto en alemán, inglés y francés. No obstante me da igual: lo que me importa es la música. Es ese tipo de música que, quizá, a un creyente le conceda paz, consuelo y esperanza. Para mí es, ni más ni menos, que una música bellísima, una música conmovedora, emocionante y a la vez contenida, sin concesiones, de una gran calidad: una canción bastante desconocida que contiene lo mejor del mejor Brahms. No me da consuelo, ni paz, casi lo contrario, me abre de par en par el alma, como una enorme herida a la que le arroja copiosos puñados de sal. Pero no puedo dejar de escucharla, una y otra y otra vez. Algo tendrá.
He escogido cinco versiones, por no poner sólo una, que para el caso hubiera valido lo mismo Pero a falta de la traducción… Creo recordar que hay dos versiones originales, es decir, con órgano; otras dos en la que la parte de órgano ha sido transcrita para orquesta, y otra, bastante curiosa, transcrita para piano a cuatro manos, muy útil para ser interpretada en lugares en los que no se disponga de un buen órgano. Les pido disculpas por mi explayamiento y les ruego que no me lo tengan demasiado en cuenta, y les dejo con Brahms.





Detlef Bratschke - Stuttgart Chamber Choir



Choeurs d’enfants de Saint Christophe de Javel


John Eliot Gardiner – Monteverdi Choir – Orchestre Révolutionaire et Romantique 



Susan Manoff – Ensemble Vocal Michel Piquemal



Edward Higginbottom – New College Choir, Oxford



Por último, permítanme un comentario. A todos aquellos que están pasando por momentos difíciles, que se crean perdidos para el mundo, que sientan que ya no pueden más, piensen que Brahms, quizá llevado de la mano de Dios, escribió esta música que está llena de amor, de bondad, de paz, y que lo hizo para todos nosotros, para decirnos, aunque sea quedamente al oído: ¡ánimo! el amor existe, la bondad existe, y ambos vendrán en tu ayuda, resiste, toma, he escrito esto para ti, con ello quiero ofrecerte un poco de esperanza, acéptala, no te des por vencido.


12 comentarios:

  1. Lo que tiene apreciado Carlos esta impresionante canción, es una belleza extrema, por eso su corazón y el de los que somos sensibles languidece, se emociona, de ahí la recurrencia, no en búsqueda de paz, sino de emoción.
    Y la emoción extrema es dolorosa, siempre, o por lo menos para mi, que en cada creación, si alcanzo eso que busco, siempre me vacío, y no sin dolor.
    Hay días como éste, que se confiesa "jodidillo", no debe pedir perdón, ni disculpas, a todos más de una vez andan días iguales persiguiéndonos, y siéntase contento por poder expresar su tristeza cubierta de música, de la más bella música del genio Brahms. Y atreverse a compartirla con todos lo que apreciamos y seguimos este grandísimo blog.
    Gracias, muchas gracias por Brahms, por sus palabras, por su dedicación y sensibilidad!

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    1. Su comentario, querida Inés, podría dividirse en dos partes. En la primera nos ilustra sobre el acto de la creación y el efecto que produce la belleza en la sensibilidad; yo comparto, modestamente, sus opiniones. Usted, como la gran artista que es, conoce el colosal esfuerzo que conlleva todo el proceso creativo, y todo esfuerzo de tal magnitud produce un gran desgaste, físico, psicológico, emocional, y por lo tanto genera ese dolor que nos describe; la comparación con un parto es evidente y manida, pero no por ello menos adecuada; y sí, también comparto que cuando nos hallamos ante algo magníficamente bello, es emoción, es sobrecogimiento, lo que se apodera de nosotros, dejándonos mudos, y sordos y ciegos para todo lo que no sea lo que estamos contemplando.
      En la segunda parte de su comentario nos muestra usted su gran calidad humana: acepta, acoge afectuosamente mis lamentaciones y no sólo las defiende y justifica sino que las arropa, las escucha con cariño; no sólo es usted una gran artista, también posee un corazón lleno de bondad, es usted grande. Y tiene razón, aunque conlleve cierta osadía, por no decir valentía, compartir con todos ustedes mis estados de ánimo, creo que cuento con la suficiente confianza para hacerlo; aunque no les conozco personalmente, intuyo, no sé por qué, que me escuchan amablemente, y eso me proporciona cierta dosis de alivio, modesta, pues no puede ser de otro modo, pero cierta.
      Muchas gracias, Inés, por sus palabras, por compartir con nosotros su grandeza.

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  2. Contrastante

    A más de agradecer con toda el alma ésta hermosa pieza de su escritura que trasciende como una vela los vientos del abatimiento, me gustaría leer que usted está procurándose vigorosos paseos, deliciosas comidas y ¿algún? medicamento.

    (Escribí un comentario largo pero lo perdí hace un momento, error de digitación :) Lo repondré)
    Cálida, respetuosamente,
    Otro alumno anónimo.

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    1. Alumno anónimo, no puede imaginarse con qué emoción leo sus cálidas y respetuosas palabras. Veo que se preocupa usted sinceramente por mi estado, y ante su sinceridad no puedo sino responderle con la misma franqueza: no puedo dar esos paseos que me hicieran recuperar el vigor, me fatigo pronto y, sobre todo, en donde vivo, sólo podría pasear por sucio y pestilente asfalto, contemplar las caras tristes, enojadas y, por qué no admitirlo, necias, de la gente que así han educado en esta yerma tierra; ingerir alimentos no puedo, sólo tolero algún que otro líquido, desde hace días mi alimentación consiste en algún caldo, leche sin lactosa, Actimel y Acuarius, nada más quieren retener mis vísceras ni dejar pasar mi garganta; medicación, eso sí, tomo 4 gramos de paracetamol, antinflamatorios, antidepresivos y, mi tabla de salvación, entre cuarenta y cinco y sesenta miligramos de Tranxilium diarios. Además de no poder comer, sufro un insomnio inmisericorde; esta noche, por sólo citar una, habré dormido, a lo sumo, tres o cuatro cuartos de hora, interrumpidos cada uno de ellos por angustiosos despertares, y distanciados entre ellos por desesperadas horas de vueltas por la cama y por mi casa.
      Le ruego que me disculpe tanto detalle, ya dejé el psicoanálisis hace años y quizá sea esto un remedo de aquello.
      ¡Qué rabia da cuando a uno se le borra lo que ha escrito por un infinitesimal error, propio o "del sistema", así lo zurzan! Si se ve con ánimo de reescribir lo perdido lo leeré con gusto. Si no, le entiendo perfectamente.
      Reciba también, un cálido y respetuoso, y también lleno de agradecimiento, saludo de

      este, ya que a la fuerza no anónimo, su modesto profesor.

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  3. Estimado profesor, no tengo que ver con las profesiones médicas a no ser como paciente (una enfermedad autoinmune controlada, por momentos dolorosa y bastante exigente de aceptación y otros recursos espirituosos y físicos); no obstante me pregunto si el Tranxilium está ayudando-le lo suficiente con el insomnio y si los médicos, quizá, podrían pensar en otro(s) 'modulador' del sueño.
    ¿No va usted al campo o a los pueblitos?

    ¡Vivimos en medio de la necedad sistemática, -y el presente histórico es muy difícil-!, sí, casi que en todo lado. Pero existen grietas en los muros... pasajes de luz, y, hacia lo amable y bello. ... Aún en lo más cotidiano... ¡Usted lo expresa!
    Por favor, descanse en medio de la vigilia.

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    1. Estimado alumno, han probado conmigo una gran cantidad de medicamentos, más de quince, en todo caso. De momento nada ha solucionado mis problemas. Yo padezco una enfermedad llamada depresión mayor, o muy grave; este tipo de depresión se caracteriza por tener un índice de mortalidad -es decir, de suicidios- del cien por ciento. Por eso a mí, mis médicos me llaman, y no sé si ese es el nombre clínico, superviviente, porque sufro esta enfermedad ya más de quince años y todavía estoy aquí. Y creo que seguiré estando por mucho, mucho tiempo. Yo no creo en el suicidio, lo respeto, pero no creo que sea una solución.

      Le agradezco su interés y sus consejos, e intentaré seguirlos y descansar cuanto pueda, así como tratar de encontrar esas grietas de las que me habla; por cierto, esta mañana he tenido la fortuna de asomarme, no ya por una grieta: por un hermoso mirador desde el que he podido vislumbra el más bello de los paisajes.

      Mi más cordial saludo

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  4. Espero que en esas duras noches en vela, tal vez pueda encontrar algún momento mágico y especial... como lo fue anoche, donde vimos a Rafa Nadal llorar de rabia y emoción tras conquistar New York. Gracias Rafa!!
    Y Gracias Carlos, me alegra poder leerle otra vez. Estaré atento a las novedades de su magnífico blog.
    Espero se encuentre en la mejor de las posibles posibilidades, dadas las circunstancias..

    Mucho ánimo!! y mucha música!!

    Saludos


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    1. Cuando alguien me habla de Nadal, o de otro deportista de elite, mi primera reacción es responder ¿y quién es ese Nadal? No soy aficionado a ningún deporte, a ninguno, sin excepción, y por eso bromeo al respecto.

      Me satisface alegrarle con mi retorno al blog. No sé por cuanto tiempo, ni puedo prometer un mínimo nivel de calidad en mis entradas; la cosa está chunga, pero pondremos empeño.

      Muchas gracias por sus ánimos

      Mi más afectuoso saludo

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  5. Bellísimo! Muchas gracias a usted.

    Siendo estudiante de filosofía, y practicando, de alguna manera, en ese ejercicio del pensar razonable y crítico desde y hacia Otros, es ineludible vérselas con ese asunto tradicional de la religión y de los dioses en la historia de los hombres. Pero, lo sublime -categoría estética- no requeriría de la metafísica, como nos lo mostró Kant (ese hombre de vida hermosa y gran pensar, y que nunca salió de su pueblo). ¿Quizá el señor Brahms sentía y pensaba -como Kant lo estudió- que el sentimiento y las ideas de dios seguían siendo poderosas para el hombre y su sentido moral y de trascendencia individual? Sin perjuicio de que él mismo no fuese un gran creyente, como dice usted, le cantó a los hombres que lo fuesen y que No lo fuesen. Más allá de ello; porque, de todas formas, existe la mayor grandiosidad del Universo y de la Vida, ante la que somos.
    Seres humanos, que llevamos la semilla de la meditación en nuestra mente, en nuestro espíritu, en el alma creativa, como vosotros, los artistas.

    He encontrado en el Budismo una gran vía de meditación, práctica. Aunque algunas de sus muchas escuelas estén -aún hoy- mezcladas con la religión, otras no lo están precisamente. De todos modos el Budismo es una psicología y una sabiduría, atea, en su esencia. La escuela Zen del señor -y monje, (que ellos practican una cierta religiosidad)- la escuela presidida por Dokushô Villalba me parece atractiva.
    Por lo demás, aquel escrito, corto, del señor Kant "Qué es la Ilustración" es, sin duda, de una vigencia innegable y duradera.
    De usted, con aprecio,
    Un quijote más.

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    1. "Seres humanos que llevamos la semilla de la meditación en nuestra mente, en nuestro espíritu...", palabras muy hermosas que muy bien servirían para definir, por sí solas, la esencia del ser humano, su capacidad de meditar, o, en su caso o defecto, al menos de reflexionar. También me parece muy bello y acertado su comentario sobre un Brahms que nos dice a los humanos que creamos o No creamos. Hasta cierto punto es irrelevante la existencia o no de ese dios: no sé hasta qué punto la historia de la humanidad hubiera sido distinta si el hombre en su periplo no hubiese creado esa idea de una existencia de un dios. Mircea Eliade habla del "homo religiosus", en lugar del "sapiens". Precisamente ayer comentábamos en una de mis clases, reflexionábamos sobre ese hecho: ¿por qué el hombre inventa esa idea de la divinidad? ¿que hizo primero el hombre de las cavernas, pensar o creer, es decir, pensar o inventar? ¿en cualquiera de los dos casos, por qué razón?

      Siempre he pensado que son infinitamente más importantes las preguntas que las respuestas: una pregunta es una ventana, una puerta abierta; una respuesta es una pared, un muro levantado sobre unos cimientos más o menos sólidos.

      Le agradezco mucho su inteligente y amable comentario

      Y le saludo con todo mi afecto, amigo Quijano (o amiga)

      P. S. Volveré sobre el escrito de Kant que menciona, que leí hace ya tanto tiempo que vagamente recuerdo

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  6. Llego a este blog de pura casualidad...persiguiendo alguna información sobre esta pieza de Brahms de la que nunca había oído, y que me encontré de casualidad por youtube. Brahms, primer gran amor de mi joventud, y que desde entonces nunca ha dejado de acompañarme, a veces de forma más presente y contínua, a veces escondido al fondo del corazon cómo una brasa de la que sólo se nota el calor, sin saber que todavía está ahí. Y que pensaba que ya no me podía sorprender... Pero los Grandes y lo Grande siempre nos vuelven a sorprender, y este Lied me puso los pelos de punta des de el primer segundo. Y leyendo su escrito sintió una gran comunión entre el estado de ánimo que usted decribía y el de esta música, la consciencia del dolor de la vida, dolor íntimamente ligado a su propia belleza...Sólo quería darle las gracias por este momento de emoción y meditación en medio de una vida que a veces nos lleva a su ritmo desenfrenado sin que nos demos cuenta de nada.
    Y también quería sugerir, desde toda mi modestia, la idea que, aunque tales obras són una parte increiblemente enriquecedora de la experiencia de la vida (cómo dijo usted tan acertadmente, abren de par en par el alma) - hablo de obras de afecto meditativo-melancólico-conmovedor cómo ésta - que tales obras también pueden ser algo "peligrosas", en el sentido que nos pueden incitar a permanecer en un estado de melancolía y tristeza que puede resultar difícil de soportar, aunque difícil de abandonar. El poderío de la música es tal que nos puede arrastrar en este sentido, pero otras músicas pueden tener un efecto inverso y canviar de cabo a cabo el color de un momento, un día o una vida. Una Séptima de Beethoven, una Segunda de Brahms, una Isle Joyeuse de Debussy, nos pueden dar la centella de luz, el subidón de corazón que nos permita seguir un día más.

    Mucha suerte y un afectuoso saludo

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    1. Le ruego que disculpe mi demora en responderle: aunque parezca mentira el motivo ha sido que he estado unos cuantos días en el hospital, hablando de sufrimientos...

      Qué curioso: quizá con idénticas palabras que las suyas me he expresado yo en cuanto a mi amor por la música de Brahms. También fue, quizá, mi primer gran amor de juventud; luego vinieron tantos otros, sería infinito el catálogo, que despertaron parecido amor y admiración. Más tarde, Brahms, cae un poco en un rinconcillo: Bach, Beethoven, Mozart, Schubert hacen que el maestro de Hamburgo parezca demasiado «¿sentimental?». Pero no, cuando se libera uno de todos los prejuicios, de todas las modas, de todos los temores, cuando uno es lo suficientemente maduro para formarse una opinión propia de las cosas sin que le importe la opinión de los demás, sobre todo si esos «demás» no son más que una pandilla de modernetes de pacotilla, entonces resurge la imponente figura del gran Brahms, y, tal como usted dice, «escondido al fondo del corazón como una brasa de la que sólo se nota el calor», se queda para siempre como un compañero amable y amigo que nos escucha y a quien escuchamos con verdadera atención y verdadero afecto.

      La segunda parte de su comentario: creo recordar que en alguna de las entradas de este modesto blog he dicho casi lo mismo también casi con las mismas palabras. La melancolía, palabra que en su origen significaba «bilis negra», es agradable en su justa, casi ínfima dosis; lo demás es patológico. Cuando leí las alegres obras que menciona me vino a la cabeza, no sé por qué, la obertura de la suite «Masques et Bergamasques» de Fauré: luz, esperanza, alegría de vivir. En efecto, la música tiene esas dos caras, como todo en la vida.

      Muchas gracias por su comentario, espero verle de nuevo por aquí.

      Un afectuoso saludo

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