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jueves, 31 de octubre de 2013

EL PODER DE LA MÚSICA (G & P cumple 200.000 visitas)


Esta mañana me he encontrado con un encantador email que me ponía sobre aviso de que «Guerra y Paz» había alcanzado las 200.000 visitas. Mi inevitable modestia me impide repetir aquí el elogioso y entrañable contenido de ese mensaje.

Para celebrar la onomástica voy a poner aquí debajo un vídeo que me envió ayer la misma persona que me ha avisado del «cumplevisitas» de «G & P». Es un vídeo que ha aparecido por YouTube y que está teniendo un éxito apabullante. En él se pone de manifiesto la opinión que hemos mantenido en «Guerra y Paz» desde sus orígenes, a saber:

Que la música es vida, emoción, que la música es la más misteriosa y maravillosa de las bellas artes, que es ante todo un lenguaje, un medio de comunicación que, sin embargo, no comunica nada y lo dice todo; que la música transmite y despierta sentimientos, que conmueve los afectos del alma; que la música no es materia de especulación; que el ruido no es música, así como cualquier frase pronunciada por un necio no es filosofía; que en el siglo pasado se hicieron muchas estupideces con algo tan bello y noble como es la música, se la manoseó, de la mancilló, se hizo de ella (se pretendió hacer de la ella) una paparrucha cretina para que cuatro ineptos se lucrasen con sus mendaces y romos pensamientos (por llamarles de alguna manera); que la música está en nosotros incluso antes de venir al mundo, pues la percibimos a través del seno materno; que la música nos enriquece, hace nuestros espíritus más nobles y libres, nuestras mentes más lúcidas e inteligentes; que la música nos hace personas más sensibles y, muchas veces, más buenas, mejores; que a la música hay que amarla, y que cuando lo conseguimos ella nos corresponde, puesto que sólo alguien que nos ama nos hace tan felices como puede hacernos la música.

Esta parrafada está escrita a vuelapluma, para llegar lo antes posible a celebrar con ustedes nuestra onomástica. Pero en realidad la música no es nada de todo lo que he soltado en el parrafazo anterior: la música es, simple y llanamente, lo que suena, algo inefable de lo que no hay nada que decir ni explicar para quien la vive y la entiende, como el protagonista del siguiente vídeo, con quien sin más preámbulos les dejo. Toda mi gratitud a quienes tienen la gentileza, la amabilidad y generosidad de seguir «Guerra y Paz», que, sin ustedes, no tendría sentido.



martes, 15 de octubre de 2013

THE GARDEN OF CELIBIDACHE (Subtitulado en español)


Esta entrada está dedicada al vídeo

THE GARDEN OF CELIBIDACHE
(El jardín de Celibidache)
Subtitulado en español

En primer lugar he de decir que la duración completa de este vídeo es de dos horas y ochenta minutos. Como mi cuenta de YouTube está penalizada por haber vulnerado derechos de autor, sólo se me permite subir vídeos de una duración máxima de quince minutos. Por esta razón no he tenido más remedio que dividir el vídeo completo en varias partes. Mediante un programa informático he tenido que ir visualizando por dónde pasar la tijera, de modo que no cortase ningún diálogo importante o algo de parecida índole. Para mí, esta no es una tarea en absoluto fácil: ayer estuve casi todo el día haciendo pruebas, cortando una y otra vez y desechando una y otra vez los resultados obtenidos. Por ejemplo, un problema que me costó mucho tiempo y esfuerzo resolver fue cómo hacer que los subtítulos no apareciesen cortados. Bien, al final me ha quedado una chapucilla que consta de 12 partes de aproximadamente 13 minutos de duración excepto una de unos tres minutos. Lo siento, no he sabido ni podido hacerlo mejor. Toda sea por aproximar esta gran figura de la dirección orquestal a todo el mundo de habla hispana.

Sergiu Celibidache (Rumania, 1912 – Francia, 1996) fue un controvertido director de orquesta que también dedicó gran parte de su tiempo a la enseñanza. Estudió filosofía y matemáticas y estuvo muy influido por un tal Martin Steinke, gran conocedor del budismo zen. Este podría ser uno de los jardines de Celibidache:


En este documental podemos ver a un Celibidache amante de la naturaleza, de los árboles, de las charcas y riachuelos, le vemos echar de comer a unos patos, a sus perros, se podría decir que incluso trata mucho mejor a su perro que a sus alumnos… En efecto, durante sus clases y lecciones magistrales, no le importa gritar e insultar a sus sufridos alumnos; también es cierto que alguno de estos alumnos parece un auténtico pasmarote, lo cual no es razón para que les trate de un modo tan despreciativo, claro está.


Dada su condición de filósofo discute con sus alumnos sobre algunos aspectos de la música. Por ejemplo, debate sobre la definición de la música. En muchas ocasiones en este blog hemos hablado de la imposibilidad de definir qué es la música. Parece que Celibidache era de la misma opinión; dice algo así:

 «¿Qué es la música? No hay un “eso” es la música, no tenemos definición de música. Es un error hacer de la música un objeto del pensamiento. Sólo se dicen tonterías en voz alta y tan fuerte como es posible. Cuanto más se intelectualiza, como algunos críticos alemanes, más grande es la tontería. ¡Hay música en cada uno de nosotros! Uno hace música sin darse cuenta. Cuando te afeitas cantando por la mañana, eso es música»

Luis Szarán, director de «Sonidos de la Tierra» (Paraguay), un magnífico proyecto de llevar la música a los olvidados, nos dice:

«Para mí la música es la sonrisa del alma, y el ser músico me permite entrar en el alma de las personas»

«La música es la sonrisa del alma», eso está bien. Cuando somos incapaces de explicar lo inefable sólo la poesía convierte lo irreal en verdad, sólo la poesía pone al alcance de nuestras manos el prodigio, ¿por qué, sino, son nuestras manos capaces de tanta ternura? La música es lo que cantamos, a menudo sin darnos cuenta, mientras nos duchamos, esa es la música en su esencia; música buena es la que nos gusta, da igual si es de Mozart o las cuatro notas que hemos escuchado salir de la humilde flauta de un pastor; se nos ha quedado en el alma, aunque en realidad ya estaba allí, sólo estábamos esperando que despertara, y al oírla lo único que hace es llenar un hueco, una presencia ausente y anhelada. Cada nueva música que descubrimos y nos atrapa (la hacemos nuestra) no es otra cosa que una pieza de puzzle que viene a llenar un hueco que estaba aguardando su despertar, para completar el sentido íntimo de nuestra razón de ser,  de nuestra plenitud, de nuestra alegría de vivir y de ser.


Creo que no es necesario extenderse. Una vez más, nos aproximamos al hombre, ya no sólo al artista, que se esconde tras el mito. Veamos cómo enseña, escuchemos lo que dice, lo que piensa y la música que interpreta este controvertido director de orquesta que fue Sergiu Celibidache.

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P. S. He de decir que dedico este trabajo a todas mis alumnas, a todos mis alumnos, tanto oficiales como particulares, que a lo largo de los años he tenido la fortuna de conocer y que han descubierto conmigo, con una sorpresa siempre renovada, que la música es, como quedó dicho más arriba, no un pretexto para lucimiento y enriquecimiento personal, sino algo que nos hace un poco mejores, un poco más buenos, que la música está dentro de cada uno de nosotros y por lo tanto nos une, que la música es el amor a la vida y la alegría de vivir.
 

domingo, 6 de octubre de 2013

BACH – «CHRISTEN, ÄTZET DIESEN TAG» – BWV 63. GARDINER EN ENSAYO

La presente entrada va a estar dedicada al vídeo:

Christen, ätzet diesen Tag (Cristianos, grabad este día)
John Eliot Gardiner
The English Baroque Soloist
&
Monteverdi Choir
IN REHEARSAL (En ensayo)


Christen, ätzet diesen Tag es una de las seiscientas cantatas que escribió Bach, de las cuales sólo doscientas, un tercio, han llegado hasta nuestros días, lo cual supone un verdadero, perdón por la expresión, un auténtico holocausto musical. No es este el momento de reflexionar sobre esta brutal hecatombe, pero tampoco hay que dejarla pasar sin más. Estadísticas, siempre las necias estadísticas: se perdieron dos tercios. De las cuatrocientas cantatas perdidas no se puede decir gran cosa: o sí: que es terrible, que son muchas, que qué lástima… Sin embargo, si en lugar de pensar estadísticamente lo hacemos considerando individualmente cada una de esas cantatas irreparablemente perdidas la cosa es bien distinta. Hoy vamos a ver cómo el gran director John Eliot Gardiner ensaya una cantata, una sola cantata: veremos cómo se detiene aquí y allá, busca, escudriña, pule, rincón por rincón. Es decir, que no se ha mutilado la historia del arte, la historia de la música, con un tanto por ciento de algo, sino con una por una -con sus innumerables y maravillosos recodos- hasta sumar cuatrocientas, absolutamente geniales cantatas cada una de ellas en su individualidad, una obra de arte insuperable una por una. En varias ocasiones a lo largo de este blog ya he manifestado mi desprecio por las estadísticas. Sólo recordaré una entrada dedicada a un libro de Fred Wander, en el que como judío habla sobre su experiencia en el Holocausto nazi; dice Wander: «¡Seis millones de judíos masacrados! Sobre millones de muertos nada puede decirse. ¡Pero sobre tres o cuatro se podría contar una historia!» Mutatis mutandis lo mismo podemos decir de las cantatas de Bach. Veamos cuánto es capaz de decir Gardiner sobre una sola cantata de Bach.

Señala Gardiner la condición cosmopolita de sus intérpretes; aunque hayan recibido y estudiado las partituras con atención su primer trabajo será detectar los pequeños errores que cometan: «Como un perro buscando una trufa» (nosotros diríamos un cerdo…). Dice Gardiner que ha leído en el currículum de alguien que está grabando todas las cantatas de Bach para la Deutsche Grammophon, mientras que él reconoce que «en los últimos cuatro años he hecho un disco por año». Con el paso del tiempo también Gardiner grabaría todas las cantatas de Bach, en una versión, por cierto, magnífica. Y aquí se hace necesario señalar el prurito que reina hoy en día en el campo de la interpretación: que si instrumentos originales, que si interpretación basada en los tratados de la época, que si instrumentos modernos pero con criterios interpretativos antiguos… a ver quién riza más el rizo (o, tratándose de Bach, el bucle). Por supuesto: hay que dejarse la piel, y el alma, en cada interpretación; hay que estudiar la obra en cuestión bajo todos los aspectos posibles: estéticos, históricos, armónicos, interpretativos, acústicos, formales, organológicos… Pero como todo en esta vida, de una manera ponderada, equilibrada. He escuchado grabaciones fabulosas de alguna pasión de Bach (no recuerdo ahora) con instrumentos originales y criterios interpretativos basados en los tratados de la época, tanto teóricos como sobre técnica instrumental; se supone que esta gran labor se acomete para conseguir una interpretación más auténtica, más acorde, lo más fiel posible a cómo se interpretaba en la época. Pero resulta que aquí y allá se escucha una tiorba hacer un refinadísimo giro melódico que para que se pueda escuchar convenientemente en la grabación ha sido imprescindible la utilización de un micrófono de ultimísima generación, y un equipo de grabación de una generación todavía posterior: ¿es esa una versión fiel a cómo se tocaba esa pasión en la época de Bach? Respuesta: ni remotamente. Es más, se trata de una versión tan idealizada, o más, que la que realizara el propio Mendelsohn al rescatarla del más absoluto olvido en 1829. Parece que no nos queremos dar cuenta de que en cada momento de la historia los humanos hemos hecho las cosas con los instrumentos, en el más amplio sentido de la palabra, que la tecnología, que la ciencia del momento ha puesto a nuestro alcance y con los criterios y necesidades propios de cada época. Uno de los más claros ejemplos podemos encontrarlo en el arte Románico: ¿eran los arquitectos y escultores del Románico peores que sus equivalentes de la Antigua Grecia? Que sus construcciones arquitectónicas fuesen diminutas en comparación con los templos griegos y que la escultura quedara relegada a unos escuetos relieves en los capiteles de las columnas y en las portadas de los templos mientras que en la Antigüedad Fidias esculpió estatuas y esculturas de una perfección asombrosa, ¿significa que los artistas románicos fuesen peores que sus colegas griegos? Respuesta: rotundamente no. Simplemente eran épocas distintas, con concepciones sobre el arte completamente diferentes, arte que cumplía funciones totalmente distintas, y que, por lo tanto, no es que hicieran unos un arte mejor o peor comparados con los otros, o un arte bueno y otro malo: lo que hacían en cada época era algo mucho mejor que «bueno»: hacían las cosas lo mejor que eran capaces de hacerlas.

¿Con qué cantantes e instrumentos, e instrumentistas, contaba Bach para la ejecución de sus cantatas? Por un lado con un puñado de chiquillos que se encargaban de las partes de soprano y alto; también las arias para este tipo de voces eran interpretadas por un chaval que por sus brillantes condiciones podía asumir un papel solista; completaban la parte vocal unos cuantos cantantes masculinos, tenores y bajos, que no formaban parte de un coro estable sino que, en su mayoría, eran más o menos aficionados; en cuanto a los instrumentistas la cosa era más ominosa: en cuanto a la cuerda, unos pocos violinistas, un par de violas, algún instrumento de cuerda grave, poco más; en cuanto a la «sección» de instrumentos de viento las cosas eran todavía más precarias: un oboísta, un flautista, un fagotista, un trompetista…, ¡cuando los había!, y la mayor parte de ellos músicos aficionados; claro, nadie podía vivir sólo con lo que le pagasen por tocar una cantata a la semana… De ahí que las plantillas instrumentales que se empleaban sigan siendo a día de hoy motivo de controversia; en efecto, quizá Bach había escrito una parte grave pensada para un fagot, pero resulta que el fagotista se encontraba indispuesto y había que salir corriendo a por el carnicero que, además de saber de salchichas, sabía tocar, más o menos, el trombón, y ahí te encontrabas con que lo que estaba pensado para un fagot era tocado por un trombón. Aparte de este elenco, eso sí, estaba el mismísimo Johann Sebastian Bach al órgano, el mejor organista de su época, lo que equivale a decir de todos los tiempos. Aun así, ¿se imaginan cómo sonaría una cantata interpretada por esta pandilla habiendo realizado un solo ensayo o tocando a primera vista? Para que luego te vengan con tiorbas y micrófonos de 6000 € y te digan que así es como se tocaba, y escuchaba, una Pasión, una cantata de Bach en su época.

Una cantata es, grosso modo, una composición que, en la época de Bach, estaba escrita para voces solistas, coro, y acompañamiento instrumental. Las había profanas y religiosas, aunque prácticamente todas las que escribió Bach fueron de estas últimas. Las cantatas comienzan por lo general con un coro, es decir, una pieza para coro a cuatro voces con acompañamiento instrumental; a ese coro le seguían, alternándose entre sí, arias, corales y recitativos, y, en ocasiones, algún otro coro. Como estaban escritas expresamente para ser interpretadas en oficios religiosos, muchas de sus partes eran conocidas y cantadas por los feligreses.

Como hemos dicho más arriba, ningún argumento es obstáculo para que no se estudie, analice y ensaye cualquier composición hasta el límite que las posibilidades lo permitan. Así, en el ensayo que podemos contemplar a continuación, vemos que hay una persona cuya única misión es revisar y enseñar cómo pronunciar el alemán de la manera más correcta posible. Parece que los recitativos no tengan demasiada importancia; un recitativo es un pequeño fragmento cantado por una voz solista y acompañado, generalmente, sólo por el continuo, es decir, un clave u órgano y, en todo caso, un instrumento grave. La función del recitativo es hacer correr el texto: en cada cantata hay una historia muy larga que contar y no todo el texto puede ser musicado a cuatro voces con instrumentos; de ser así, una cantata se haría interminable. Pero hasta los recitativos eran escritos por Bach con sumo esmero, con la misma genialidad que brotaba de su mano escribiese lo que escribiese. Por eso, veremos cómo Gardiner se detiene a ensayar concienzudamente también los recitativos, como no puede ser de otro modo. También veremos cómo, Gardiner, no sólo ensaya por planos separados, como el  continuo, la sección instrumental o el coro; podremos observar que hasta diferencia distintos planos dentro una misma sección, como cuando en el coro trabaja distintas partes que, aun sonando simultáneamente, tienen caracteres distintos, contrastantes.

Bien, he escrito otros muchos comentarios, otros muchos párrafos, y otros muchos más podría haber escrito, con respecto a este vídeo, a esta cantata, a Bach… pero no sé qué ha pasado que me han desaparecido, se me han borrado o algo… no sé. Pero da igual, incluso me atrevería a decir que mejor así. Lo que verdaderamente importa es el vídeo. Y sobre todo, la música, la magnífica cantata de Bach BWV 63. Como en el vídeo sólo se puede ver el ensayo, a continuación he puesto la cantata entera, para que quien así lo desee pueda escucharla en su integridad.






A continuación, en audio, la cantata completa.
 John Eliot Gardiner con más o menos los mismos intérpretes.


1 Coro: Christen, ätzet diesen Tag (do mayor) 


2 Recitativo (Alto): O selger Tag! Recitativo con acompañamiento de cuerda. (do mayor – la menor) 


3 Aria dueto (Soprano,  Bass), oboe solista: Gott, du hast es wohl gefüget (la menor)  


4 Recitativo (Tenor): So kehret sich nun heut (do mayor - sol mayor)

 
5 Aria (Alto, Tenor): Ruft und fleht den Himmel an (sol mayor)


6 Recitativo (Bajo): Verdoppelt euch demnach (mi menor - do mayor) 

 
7 Coro: Höchster, schau in Gnaden an (do mayor)

 

PARTITURAS

Full score
[difícil]
&
Vocal score
[un poco menos difícil ;)] 

http://www.mediafire.com/?jja2r9hcxb6ewut



La Universalidad del mensaje de las cantatas de Bach está por encima de ideas o creencias religiosas, de ahí que, con sumo acierto, se escogiese para las portadas de la integral de la grabación de Gardiner unas carátulas que ponen muy de manifiesto este carácter Universal: