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martes, 1 de abril de 2014

ROBERT WALSER - «MÖRI»

La entrada anterior la dediqué a rendir un modesto homenaje a Sviatoslav Richter en el nonagésimo noveno aniversario de su nacimiento. Dado que nuestro amado pianista nació el día en el que comienza la primavera, escogí un pequeño relato de Robert Walser, persona también muy querida en este blog, titulado «Primavera»*, para agasajar a Slava. Pocos días después, Anónimo, imprimió un comentario y en mi respuesta le conté que cuando leí sus palabras acababa de leer otro relato de Walser. Le decía que me hubiera gustado escribir ese relato en una entrada para todos ustedes pero que era demasiado extenso como para escribirlo pues me resultaba dificultoso mecanografiarlo, palabra esta que no sé si entenderá todo el mundo. Bien, hoy he acudido a solucionar un papeleo y me han hecho esperar; la espera ha sido muy grata, pues en el móvil llevo el libro de Walser y me he dedicado a leer tan plácidamente. Y voilà, he dado con un relato que reúne todos los requisitos para publicarlo en nuestro blog. Es lo suficientemente breve como para no fatigarme demasiado, pero sobre todo, en él podemos encontrar todas las características que definen a Walser; además, es, en su brevedad, una obra maestra en su género. Otra razón me ha impulsado a escribirlo; al final de la entrada encontrarán un Lied de Schubert cuyo texto, de Wilhelm Müller, está muy relacionado con nuestro relato; la interpretación correrá a cargo de Peter Schreier y… sí, Sviatoslav Richter al piano. Les dejo con Walser:

Möri

Érase una vez un hombre llamado Möri, un tipo singular. Vestía con esmero. Cierto que llevaba un sombrero viejo y deformado, pero lo principal era su seriedad. Tenía siempre una expresión muy seria. Miraba como si tuviera la muerte ante sus ojos. La gente que pone una cara tan seria a las gentes y a la vida no es apreciada. Möri parecía casi un caballero medieval, un bandolero. Tenía pinta de filósofo, y la gente con pinta de filósofo no está bien vista. Se la esquiva como si se tratara de delincuentes. Al fin y al cabo el más fecundo en pensamientos fue clavado en la cruz y tuvo que sufrir la lastimosa muerte de la crucifixión. Möri tenía buen corazón, era un hombre bueno, muy cabal, aunque en demasía. La gente lo miraba muy asustada, como si esperasen algo malo de él. Pero Möri no era malo, sino serio. No era capaz de reír, de ser alegre y divertido. Tampoco sabía contar chistes. Quien no es alegre, chistoso y divertido, quien se toma la vida en serio, por ese mero hecho resulta un poco sospechoso a la gente. Möri miraba a todo el mundo tan receloso, tan serio, tan dubitativo… Era un hombre inquietante, poco sociable; pero la gente desea que seamos sociables. ¡Unos ojos tan grandes y tan serios! ¡Huy, qué miedo! Todo el mundo evitaba a Möri. Donde aparecía, se hacía un silencio sepulcral. La gente experimentaba ante él un extraño, incomprensible horror, como ante la tumba.
El caso es que Möri fue a ver a la joven Emma para preguntarle si le quería. Sin embargo, esa joven buena y bonita no era para Möri y le respondió: «Me das miedo, eres muy serio. No te gusta reír, ni te comportas como las demás personas. No te quiero, y te ruego que te vayas y me dejes en paz». Una pena indecible atenazó el corazón de Möri, y se marchó. No sabía bien adónde ir. Le acometió la nostalgia de la muerte, y caminaba con la cabeza gacha. ¿Estás cansado de vivir, Möri? ¡Todavía no, pero lo estaré pronto! Entonces, como tenía que buscar sustento y salario, Möri fue a ver a un señor y le pidió una colocación modesta. Möri miró al señor con sus ojos serios y éste a él, y luego el señor dijo: «No me gusta usted, no lo necesito, lo siento, no hay nada que hacer, lo mejor será que se marche». Möri obedeció, y su pobre corazón, más oprimido aún que antes, casi lo aplastaba contra el suelo. Cansado y abatido, intentó entrar en una posada para pasar la noche. «Mañana temprano, después de dormir a pierna suelta, quizá me sienta más aliviado», se dijo. El posadero vio al hombre serio, extraño, y apenas fijó la vista en él hizo un ademán de rechazo y dijo: «Prefiero que no entres en mi casa. Regresa al lugar que procedes. Me pareces un vagabundo y no quiero relacionarme contigo». Y a Möri no le quedó más remedio que marcharse.
Entonces se sintió el hombre más desdichado y pobre del mundo. No tenía amor, ni confianza, ni pan, ni salario, ni trabajo, ni colocación, ni refrigerio, ni comida, ni bebida, ni descanso, ni lecho. Se dirigió al lago. Era medianoche y en las cercanías no se veía un alma. Cuando Möri se acercó al agua, ésta, benéfica y compasiva, susurró: «Ven conmigo, pobrecillo. A mi lado estarás bien. Podrás dormir sobre las almohadas más mullidas. Soy blanda y suave, y cuando yazgas entre mis brazos alcanzarás la paz. Te quiero, Möri, y soy cariñosa, y al que viene conmigo ya no le vuelven a acosar las preocupaciones, y toda tristeza desaparece. ¡Ven, hombre, ven!». Entonces Möri pensó que el agua era buena para él, y se dirigió hacia ella.


Créditos & Copyright: Tunc Tezel


En efecto, el lector avisado ya sabrá a qué Lied me refiero: Der Lindenbaum, del ciclo Winterreise, cuyo texto, en traducción de nuestro querido seguidor Andrés Neuman, dice así:

El tilo

Más allá de la verja,
junto a la fuente, un tilo:
soñé bajo su sombra
tantos sueños felices...

  Dibujé en su corteza
mis palabras de amor,
en la dicha y la pena
buscaba su cobijo.

Hoy pasé junto al tilo
en la profunda noche;
pese a la oscuridad,
mis ojos se cerraron.

Murmuraron sus ramas,
como si me llamasen:
«¡ven a mí, compañero,
y aquí reposarás!»

Y aquí la prometida versión de Schreier y Richter:



Doy por sentado que ustedes, quienes suelen leer este blog, son personas adultas, maduras, y entenderán esta entrada en sus justos términos, a saber, un poco de buena literatura, poesía y música que en cierto modo guardan relación entre sí y con la entrada anterior. Ni más ni menos.

* «Sueños». Robert Walser. Traducción de Rosa Pilar Blanco; Siruela. Edición Kindle

8 comentarios:

  1. Conmovedores los relatos de Walser...
    La necesidad de reposar, de descansar y de abandonar el vil griterío de lo cotidiano… Muchos han sido los personajes a lo largo de la historia de la literatura que se han encontrado ante el abismo que, en esta ocasión, aparece ante Möri. Me viene a la cabeza el oscuro final de Hans Castorp, protagonista de “La montaña mágica” del genial Thomas Mann, de quien ya hice algún comentario en este blog a cuando se habló de este mismo lied… o el final del genial Stefan Zweig, quien, harto de su precaria situación tomó la valiente determinación de poner fin a su vida.
    Después de la lectura atenta del relato que hoy nos traes, Carlos, he recordado un texto de Charles Baudelaire que leí hace poco y que, si se me permite, transcribo a continuación.

    EL FIN DE LA JORNADA

    Bajo la luz más pálida del día
    corre, baila y se arquea sin razón,
    impúdica y chillona nuestra Vida.
    Por eso, apenas sube al horizonte

    el negror de la noche voluptuosa
    que lo apacigua todo, incluso el hambre,
    y que hasta la vergüenza borrará,
    el Poeta ha de exclamar: << ¡Por fin!

    Mi espíritu, lo mismo que mis vértebras,
    invoca ardientemente este reposo;
    lleno está el corazón de ensueños fúnebres,

    me tenderé sobre la espalda ahora
    para envolverme en vuestros cortinajes,
    ¡oh frescor indecible de tinieblas!>>


    Charles Baudelaire: Las flores del mal
    Traducción de Carlos Pujol


    Muchas gracias por seguir señalando, Carlos.
    Borja

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    1. Querido Borja, cuánto tiempo sin saber el uno del otro; en estos casos siempre me viene a la cabeza el proverbio: «No dejes que crezca la maleza en la senda que conduce a la choza de tu amigo». Gracias por tu visita y por obsequiarnos con tus palabras y con las del siempre lúcido Baudelaire, a pesar del ajenjo.

      En tu comentario, profundizas más sobre el contenido del relato de Walser que en su forma. A mí me gustaría resaltar el talento literario de Walser. A pesar de la seria alusión del relato, Walser lo plantea como un cuento para niños «Érase una vez…». Su dominio del género es asombroso: nos presenta al personaje y hasta le da nombre «Möri»; ¿quiere Walser con ese nombre hacer alusión al «memento mori»? No lo sabemos, ni falta, pero la evocación queda. Nos describe a Möri, desde su aspecto físico, hasta su perfil psicológico; crea una trama que no carece de interés para el lector; por último, como no puede faltar en ningún relato que se precie, nos crea un desenlace en el último instante que da coherencia a todo el cuento, que nos sorprende y hasta emociona. Nada melodramático, nos hace sentir por el «pobrecillo» Möri un poco de pena, pero no más que la que nos despierta un gorrioncillo caído prematuramente del nido, más que pena, ternura. En la entrada anterior añadí, en su final, el breve desenlace de otro de sus relatos: «(…) Me acerqué más a los árboles, el entorno estaba lleno de ramas y de paz espectral. De vez en cuando surgía un resplandor en medio de la negrura. Celestial oscuridad, profundo, alegre hechizo. Me habría encantado tumbarme y no volver a salir nunca del bosque. No vivir ningún otro día claro, inquieto, sino una única noche perpetua, alegre, silenciosa, serena, pacífica y amorosa». De nuevo el mismo tema, el desapego, la levedad del ser. Walser nos emociona al tiempo que nos hace sonreír; nos hace sentir ternura, bondad; sin imaginarlo, nos despierta el deseo de acercarnos a él y cogerle suavemente de la mano, y acompañarle, en sus paseos, en sus sueños, en sus noches y en sus lagos.

      Un abrazo, querido Borja, gracias por concederme que todavía me queda lo que quiera que sea que me permite el gozoso oficio de «señalar»…

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  2. “Cuando comencé como poeta, empecé también como persona y me sentía como si acabara de nacer. El mundo era nuevo todos los días, como si hubiera muerto durante la noche y volviese a la vida al amanecer”. Robert Walser

    (El sitio-web en el que hallé las anteriores líneas del señor Walser no ofrece referencia de la publicación a la que pertenezcan).
    un quijote

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    1. Estimado Señor, muchas gracias por obsequiarnos con estas líneas, siempre exquisitas, de Robert Walser. Hubo una época, hace unos cuantos años, en la que dispuse de todo lo necesario para poder escribir -en mi caso, música-, es decir, sobre todo, tiempo. Cada día me levantaba con la cabeza repleta de ideas nuevas y de corrrecciones a lo escrito con anterioridad. SIn quererme compararme ni de lejos con Walser le diré que algo de mágico hay en el acto de la creación: el papel está en blanco y poco a poco va naciendo el arte; en mi caso, el aire está vacío y poco a poco se va haciendo sonoro. "... como si hubiera muerto durante la noche...", es cierto, algo de eso ocurría, es más, no podía concebir ni imaginar que por alguna razón dejase de componer, me aterraba la idea. Más tarde, en cambio, por razones que no vienen al caso, dejé de componer, y ya no lo he vuelto a hacer. Y sí, ahora, en cierto modo, me ocurre al revés: cuando comienzo un nuevo día es como si muriese, y no es hasta que me abandono al siempre renovado mundo de Morfeo, cuando me siento renacer.

      Un cordial saludo

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  3. Walser, contemplativo. De sus propias dolencias también, en relación al Mundo. Y de sus numerosas decepciones, idem. Walser, el paseo: natura; recuerdos e imaginaciones hallados-narrados; pueblecillos, seres humanos. Walser, separando fríjoles, pegando hojas de papel, escribiendo microgramas. Walser aceptado lo que es, la vida su dolor, sus felicidades...el esfuerzo, trabajar, vagar tan solo y meditar. Encontrar, perder. Dulcísimo, amoroso. Libre, en el sanatorio. Auténtico, porque es lo único que vale al fin de cuentas.

    (Había oído del escritor, sin embargo, es ahora que me acerco a su palabra su poética, y al hombre R. Walser. Gracias a usted).

    Perdóneme con el corazón: ¡sería tan hermoso saber que usted retoma el componer!

    un quijote

    PD: Una charla en torno a depresión. Según he visto ha sido inspiradora a muchas personas, (me he leído todos lo comentarios -ayudándome con traductores, usted sabe-).
    http://www.ted.com/talks/andrew_solomon_depression_the_secret_we_share#t-1196396

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    1. De la charla del señor Solomon: "Lo opuesto de la depresión no es la felicidad sino la vitalidad, y era la vitalidad lo que parecía haberme abandonado."

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    2. La charla TED se encuentra traducida al castellano,allí mismo.Olvidé precisar.

      Cordial saludo.

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    3. Muchas gracias por brindarnos sus pensamientos sobre Walser. Se puede decir mucho de este autor o, lo que es lo mismo, con tan sólo unas pocas palabras podríamos plasmar sus principales características: ¿no es eso por sí mismo ya un símbolo de su grandeza?

      No tengo nada que perdonarle, se lo digo de corazón. Y sí, sería hermoso que volviera a componer pero... no sé, de momento lo veo muy difícil. En la actualidad estoy escribiendo una tesis doctoral, trabajo que me absorbe mucho tiempo. Y, además, e hilando con su otro comentario, mi depresión crónica está atravesando un período de los más difíciles. Escuché la charla sobre esta enfermedad a la que usted tuvo la bondad de remitirme: verá, es relativamente fácil hablar de la depresión; se pueden decir muchas cosas más o menos acertadas, más o menos documentadas y ciertas. Pero cuando esta enfermedad te tiene atrapado entre sus afiladas garras y, además, la situación personal del enfermo es difícil, creo que no hay nada qué decir, sencillamente no hay tregua, no te deja ni de noche ni de día; puedes tomar los medicamentos más avanzados, seguir todo tipo de terapia: si la enfermedad es grave, como es mi caso, tan sólo puedes encontrar ciertos paliativos en forma de medicamentos, nada más. Yo padezco esta enfermedad de un modo grave desde hace más de quince años; he tenido épocas mejores y otras peores, pero siempre sientes que está ahí, al acecho; quizá mi crisis actual sea la más severa que he padecido nunca, de ahí que mi blog esté prácticamente abandonado.

      Le agradezco su participación, sus comentarios, sus buenos deseos

      de corazón,

      le saludo afectuosamente.

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