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lunes, 14 de julio de 2014

SCHUMANN - HOLLIGER - Im Andenken Ursula Holliger

http://www.ursulaholliger.net/Photos/Photos/Collage2.html

Cuando escribí la entrada anterior ni tan siquiera me había detenido a leer la carátula, el librillo, que acompaña el CD. Más tarde, cuando lo leí, me encontré con la frase Im Andenken an Ursula Holliger: «En memoria de Ursula Holliger». Me moví un poco por Internet y pude comprobar que, en efecto, Ursula Holliger, esposa de Heinz Holliger, falleció el pasado 21 de enero.

Ursula ha sido una gran arpista, quizá la mejor del siglo XX. Tocó todo tipo de repertorio, fue profesora en grandes escuelas de música, estrenó obras de compositores actuales. Durante toda su vida llevó a cabo una gran actividad altruista ofreciendo conciertos benéficos en iglesias y hospitales. Fue una gran admiradora de Albert Schweitzer y fue miembro fundadora de una organización para continuar con el trabajo espiritual del gran músico. Schweitzer, gran desconocido incluso entre los músicos de nuestro país, fue doctor en filosofía, teología y medicina; gran organista y musicólogo, escribió una biografía de Johann Sebastian Bach titulada «Bach, el músico poeta», libro de obligada lectura pero, una vez más, casi completamente desconocido en nuestro país y que ya no podrá leerse pues ha sido descatalogado. Pero la figura de Schweitzer va mucho más allá de la erudición. En 1952 le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz por, entre otros muchos méritos, haber construido, en 1913, y haber mantenido hasta el momento de su muerte, acaecida en 1965, un hospital en África en el que a lo largo de los años atendió a miles de enfermos. Si hago esta digresión en torno a Schweitzer es por mostrar el relieve que da a la figura de Ursula Holliger el haber sido seguidora espiritual de este gran hombre. Recuerdo cuando escuché con gran asombro y emoción, ya hace algunos años, la grabación del «Doble Concierto para oboe y arpa» de Witold Lutoslawski, efectuada por el matrimonio Holliger.

No puedo dejar de lamentar, una vez más, la hondamente arraigada incultura musical de este malhadado país, no sólo de la gente en general, no sólo de la chabacana clase política en general, no sólo de la intelectualidad en general, también, y esto es lo más triste, de los propios músicos. El otro día comentaba con un amigo que la música, en este país, no es un arte, es un negocio, y la enseñanza de la música no es un derecho básico y fundamental sino una nómina.

Del mismo CD del que extraje la pieza de la entrada anterior les sugiero otros dos ejemplos, también de Schumann. En primer lugar una transcripción para piano, chelo y oboe, del segundo de los «Estudios en forma canónica para Pedal-Flügel», Op. 56. La transcripción se debe a Theodor Kirchner (1888) y los intérpretes son, junto con Heinz Holliger, Anita Leuzinger con el chelo y Anton Kernjak al piano.


También, esta otra adaptación para oboe y piano del tercer movimiento, Intermezzo, de la sonata para violín y piano nº 3, WoO 2 del mismo compositor.


Debe de haber sido muy hermoso haber compartido una vida de amor y de música.
En memoria de Ursula Holliger

Ursula Holliger (1937-2014) und Heinz Holliger, 2006 (Foto: Priska Ketterer/Archiv LUCERNE FESTIVAL)

8 comentarios:

  1. Por lo pronto solo un apunte a este su post de hoy, hermoso y delicado: como de sus manos. Albert Schweitzer, ¡que bellos espíritu y obra humana encarnó!, un gran hombre, como ha dicho usted, enoblece el Nobel. Me contenta mucho la oportunidad que nos obsequia usted de recordar a él, a quien aprecio hondamente. Como la de volver sobre aquel libro (que no tengo en casa) que buscaré en la biblioteca pública.

    Gracias mil por su reseña en torno Ursula Holliger, y por el deleite de escuchar esta parte del CD, que ni tengo en casa, ni conocía.
    un quijote


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    1. "Ennoblece el Nobel", nunca nadie fue más merecedor de esas palabra que Schweitzer, alguien que, aun sabiendo tanto y una siendo un artista de tan gran altura, nunca olvidó que antes que el saber, antes que el arte y que la música, que ante todo está la persona, y, sobre todo, aquellas personas olvidadas, maltratadas, desprotegidas, castigadas, marginadas.

      Confío en que pueda conseguir en alguna biblioteca su libro. Está publicado en español por "Ricordi Americana". Es un libro escrito con sabiduría, pero también con amor y bondad, como no puede ser de otro modo, viniendo de Schweitzer.

      Ursula y Heinz tuvieron la inmensa fortuna de vivir muchos años juntos y de compartir su amor por la música en países en los que de verdad se ama la música.

      Muhcas gracias, "un quijote", por su participación en este modesto blog; con ella, ennoblece Guerra y Paz.

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  2. Buenos días Carlos. Si te comentara que un ex-alumno tuyo presentó hace un par de semanas un complicado a la vez que elaborado TFM (trabajo final del master), que se basa en lo siguiente:

    ** a) una descripción y reflexión sobre el aprendizaje interdisciplinar, b) un análisis de las posibilidades de interdisciplinariedad entre la Educación Plástica-Visual y la música-arquitectura y, por último, una propuesta didáctica que girará en torno a la obra de J. S. Bach: "El Arte de la Fuga”.**

    imagino que te vendrá a la cabeza algún nombre conocido, y tal vez una sonrisa también..

    En fin, esta mañana he leído este trabajo y no he podido evitar enviarte el prólogo. Me ha emocionado, y espero que recuerdes con nostalgía y alegría lo bien que lo pasábamos en Mislata 6 o 7 mocosos en aquellas clases de música. Lo que allí aprendimos no lo olvidaremos nunca, es más, siempre lo llevaremos dentro. Pasan los años y seguimos descubriendo sonatas de scriajbin, sinfonías de shostakovic, tumbados de michel camilo... infinidad de música, y cada cierto tiempo te dá por estudiarte un impromptu de schubert, o analizar en profundidad una fuga. Somos y seremos aquellos niños que iban contentos a una clase de música un sábado por la mañana acompañados de una radio tipo "loro" tal vez escuchando Michael Jackson o Monteverdi para enseñarle nuestros descubrimientos al profe.

    Vamos a ello:

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  3. ""** 1.1 La docencia como “caja de sorpresas”

    Aprovechando esta introducción voy a permitirme la licencia de relatar una vivencia personal que ilustrará sobre qué es lo que entiendo por aprendizaje interdisciplinar o docencia polifacética.

    Una de mis aficiones más queridas es la música y, concretamente, la música clásica. A lo largo de los años me ha proporcionado innumerables momentos de placer no exentos, he de reconocerlo, de frustraciones asociadas a su lento y costoso proceso de aprendizaje. De todos es sabido el gran número de alumnos que abandonan los estudios musicales en cuanto se percatan de la dificultad de alcanzar el dominio en la técnica instrumental.

    Por fortuna, tuve la suerte de encontrar un magnífico profesor que, desde los estados iniciales de aprendizaje (es decir, prácticamente aprender las notas musicales), me guio paso a paso a lo largo de varios años hasta alcanzar un modesto conocimiento. La manera o método de enseñanza de este impresionante profesor (llamémosle Carlos) tenía mucho que ver con lo que podríamos denominar un método de estimulación cultural o, si se prefiere, un aprendizaje interdisciplinario.

    Pero, ¿cómo eran esas clases de música? ¿Qué las hacían tan interesantes y estimulantes? ¿Qué cosas aprendíamos en esas dos sesiones semanales de una hora y cuarenta y cinco minutos?

    Éramos un grupo reducido (no más de 8-10 personas) con lo cual ya se producía de partida la deseable condición del “pequeño grupo de iniciación” aunque, sin duda, lo más fascinante era que las clases se convertían en una caja de sorpresas. Aparecían libros de literatura y de arte y se nos daban explicaciones pertinentes sobre ellos. Las cuestiones políticas y sociales no se dejaban de lado sino que se incitaba a reflexionar críticamente sobre las mismas. Los discos de música pasaban de mano en mano (a veces no regresando a su legítimo dueño) descubriéndose obras increíbles y suscitando apasionados debates.
    Mientras aprendíamos solfeo veíamos cómo se tocaba el piano y entendíamos la importancia de este instrumento en el análisis de partituras. En muchas ocasiones se interpretaban piezas más modernas como, por ejemplo, As time goes by de Dooley Wilson de la extraordinaria película Casablanca mientras se fumaban buenos puros habanos (literalmente, todavía no estaba prohibido fumar en las aulas) y se daba rienda suelta a la nostalgia.

    En fin, y por no agotar con inacabables ejemplos similares, nos enriquecíamos mutuamente en unas amenísimas clases que no tenían desperdicio. Y todo ello, claro está, sin descuidar la parte más prosaica del plan de estudios, que había que cumplir, para ir a examinarse al Conservatorio.

    La clave era precisamente ésa: la transmisión de los conocimientos “rutinarios” en un ambiente o caldo de cultivo polifacético, incluso humanístico, en el que el aprendizaje se producía con naturalidad y siendo conscientes de nuestro paulatino crecimiento espiritual. Como no teníamos la sensación de estar asistiendo a unas clases convencionales, la motivación y el interés se disparaban de la mano de un profesor muy hábil en el arte de conducirnos por apasionantes recorridos.

    Como las vivencias que experimentamos en nuestra propia carne son las que más huella nos dejan; como futuro docente me gustaría (en la medida de mis humildes capacidades) reproducir este patrón interdisciplinar de enseñanza y, ante todo, estimular a mis alumnos a que no se queden mirando el dedo que señala la luna.""**

    Muchas Gracias Carlos.
    Siempre un placer leerte y cuando es posible escucharte.

    Que pases un feliz día.

    IVANHOE

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    1. Bueno, esto…, eh, en fin, no sé por dónde empezar.

      Quizá lo más importante sea el factor humano: sí, recuerdo con nostalgia y alegría aquellas mañanas; para serte sincero, aquellas mañanas y las tardes de este curso que ha terminado, y otros muchos de los incontables momentos que durante los años he tenido la suerte de vivir con vosotros. A menudo, llaman a la puerta del aula en la que estoy impartiendo clase y espero que entre tal alumno, y en ese instante me doy cuenta de que ese alumno que imaginaba ya no lo es, lo fue hace tiempo, y lo recuerdo y lo echo de menos. Porque para mí, la clase, es la misma, es una sola clase que comencé hace bastante tiempo y se prolonga en el tiempo, como un río, siempre distinto, siempre el mismo, o como el mar.

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    2. (continuación)

      En particular aquellas clases tenían mucho de singulares: fíjate tú, un sábado por la mañana, en una planta baja que parecía, que era, algo así como un garaje, con cuatro sillas, un mal piano, malo de solemnidad. Y sin embargo, cada sábado por la mañana, cuando todos vuestros compañeros de escuela dormían a pierna suelta, vosotros acudíais puntuales a aquel maloliente cuchitril. ¿Por qué?, bueno, la respuesta es bien sencilla, aunque hoy compliquen tanto las cosas con palabrejas del tipo de «interdisciplinar»: allí se producía el sencillo y a la vez prodigioso acontecimiento de la comunicación entre iguales: comunicación en el más noble y elevado sentido del término: todos hablábamos y todos escuchábamos y, además, no se trataba de paparruchas, como tú has dicho, allí, con el pretexto de aprender solfeo, nos formábamos y enriquecíamos mutuamente, tanto en cuanto a conocimientos de todo tipo como en otros aspectos que nos caracteriza como humanos: afecto, respeto, humor, tristeza, sacrificio, compañerismo, esfuerzo, en fin, cosas de esas. Cuando hoy se habla de «interdis…» (se me atraganta la palabreja), se olvidan por completo estos valores: se piensa que el profesor ha de contextualizar, relacionar, ubicar, los asuntos que se traten, y, sí, claro, todo esto es fundamental, pero sin el factor humano no hacemos nada. Un ejemplo: el tan odiado «dictado». Creo que fui yo quien, lo digo desde la modestia, cambió esta odiada palabra por algo así como «educación auditiva»: aprender a oír, a escuchar, y una vez más, no sólo las notas que salen de un piano más o menos afinado: aprender a oír a los demás, a nuestros padres y hermanos, a nuestros amigos, incluso a nosotros mismos, aprender a escuchar los sonidos de la naturaleza, a diferenciar el canto de los pájaros: escuchar cada año la llegada de la primavera anunciada por el inconfundible chillido de las golondrinas.

      La prueba de la absoluta necesidad de este otro tipo de valores está en que vosotros, y otros muchos, seguís recordando aquellas clases, y, además, y es muy importante, seguís prestando atención a lo que, a través del tiempo, nos dice Scriabin, Monteverdi, Bach, Sócrates, Platón, Heráclito, Homero, Mann… Si todo este corpus de saberes os hubiera llegado desprovisto de los valores humanos hoy, después de tantos años, no estaríamos aquí, hablándonos y escuchándonos de nuevo, como si prosiguiéramos una conversación comenzada ayer: si los conocimientos son echados sobre la mesa y pupitres así, sin más, no son nada, no sirven para nada: adquieren su valor y trascendencia (trascienden) cuando vienen imbricados con los valores humanos, imbricados indisolublemente con la vida: si estábamos tristes o apesadumbrados, escuchábamos, analizábamos, vivíamos tal o cual pieza de Chopin; si estábamos alegres nos reíamos con la introducción del Orfeo de Monteverdi; y también al revés; si estábamos eufóricos escuchábamos a Chopin para tranquilizarnos, si demasiado tristes a Monteverdi para que nos sacara una sonrisa. Vida y saber. Afecto y conocimiento. Intelecto y sentimiento. «Las vivencias que experimentamos en nuestras propias carnes son las que más huella nos dejan», «… el aprendizaje se producía con naturalidad y siendo conscientes de nuestro paulatino crecimiento espiritual», eso es.
      En fin, se podría escribir una enciclopedia… pero no por ello se diría más al respecto.

      Muchas gracias a ti, IVANHOE; creo que sé quién eres y me alegro de verte. Gracias por haberte tomado el tiempo y el trabajo de escribir estos comentarios. Vosotros y mi trabajo sois muy importantes para mí: sois parte esencial de mi vida, estáis imbricados indisolublemente con mi vida.

      P. S. Para serte sincero no sé quién puede ser el autor de ese TFM (en realidad creo que ni sé muy bien qué es un TFM)

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  4. Muchas gracias por el extenso, emotivo y certero comentario a la introducción del TFM, Carlos.

    Veo que Ivanhoe la ha vuelto a liar en cuanto le han dado algo de vacaciones. Y me alegro de que la haya liado exponiendo a la pública audiencia parte de las reflexiones que se vertían en ese TFM. De hecho, soy el hacedor del susodicho TFM. Es decir, compañero de batallas musicales de Ivanhoe y aplicado alumno de Carlos.

    Ahora mismo estoy escribiendo desde una cuasi-vacía sala de ordenadores de una biblioteca balear. Sí, estoy de veraneo y recargando las pilas para el nuevo curso lectivo que nos deberá deparar nuevas aventuras.
    Este pasado curso ha sido denso académica y relacionalmente hablando y la guinda fue el tener que realizar el TFM cuando casi ya no quedaba gasolina en el depósito.

    El TFM, por aclararlo, es simplemente el trabajo final de master de un master en pedagogía que ahora hay que hacer para "poder ser" profesor en algún desangelado instituto estatal. Supuestamente se trataba de confeccionar un trabajo de investigación sobre algún asunto relacionado con la pedagogía (ahí es nada, amigos). Como durante el mismo master nadie nos enseñó a investigar más allá de vagas alusiones, nos vimos en el brete de tener que sacarnos de la chistera algún tema que pudiera funcionar como pretexto para realizar el trabajo final.

    Imagínense, alumnos despavoridos: ¿qué hacemos? ¿Qué tema elijo para el trabajo? No puedorr, no puedorrr... Tengo miedorrrr...

    Así que decidí elegir un tema que me gustaba y que en principio poco tenía que ver con la pedagogía (la música clásica) y engarzarlo de alguna forma con el guion que me imponían para el trabajo académico.

    Me acordé de los muchos puntos de contacto que hay entre la música, el arte visual y plástico, escultura, arquitectura, etc. y de cómo se interrelacionaban muchos conceptos en esas míticas clases de música de hace años que todos compartíamos.

    Además, recientemente habia retomado la escucha atenta de ElmArte de la Fuga de Bach y me acordé de análisis de fugas que hacía con colorines : tema en rojo, contratema en azul, divertimentos en amarillo, stretto en verde... Fugas que acababan con una apariencia similiar a la bandera del orgullo gay. Pero que visualmente eran vistosas y se podían entender desde el punto de vista visual...sin tener que escuchar la música... pasabas de una partitura monocroma a un verde valle de colores donde sabía cúando el tema volvía a aparecer y podías explicarse a la gente que no tenía ni idea de música ni de fugas...

    Con estos mimbres tan heterodoxos: el arte de la fuga , los colorines, las relaciones música-plástica, la docencia interdisciplianr (sí, es un adefesio de palabra)
    pues confeccioném un trabajillo bastante ameno y que, en general, gustó a la gente del master.

    Además, en la defensa oral, puse fragmentos de música para apoyar mis ideas y sorprender al auditorio...

    (En 5 minutos me expulsan de l biblioteca con lo cual tendré que continuar proximamente...) Como dicen en las películas... To be continued.

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    1. Pensé en ti cuando leí el comentario de IVANHOE pero, no sé por qué, creí que se trataba de un alumno del conservatorio, y eso me descolocó. Hoy en día los famosos TNT esos proliferan como setas, también en el conservatorio. Un paréntesis: me parecen un camelo: ahora resulta que es más importante el cursilllo (antes se llamaba así) que te dé cualquier quien sea, que todos los años de una carrera; cada vez alucino más, al final me retiraré al monte, a criar cabras, si es que apruebo el máster pertinente.

      Me resultó muy emotivo leer tu introducción del TNT, como me vuelve a resultar ahora que la releo. Cuánto aprendimos juntos en aquellas clases, y con qué pocos medios: sólo teníamos muchas ganas, mucha sensibilidad, un poco de inteligencia y otro poco de talento... y con eso nos apañamos, sin ordenadores ni tan siquiera un piano semi decente. Eso sí, algún que otro puro...

      Amigo, creo que tienes una gran imaginación para la escritura. Anoche, cuando poco antes de recoger velas, leí tu comentario, me reí, y, la verdad, no es fácil que yo me ría últimamente. Lo de la fuga de Bach y la bandera del orgullo gay es genial: ya podrían tomar nota muchos que no hacen otra cosa, sólo que ellos ni lo saben.

      No me extraña que gustara tu TNT. La demostración de conocimientos no está reñida con la amenidad en el estilo de escritura, mucho menos con la emoción que se pueda imprimir a esa escritura; tampoco con cierta y prudente dosis de sentido del humor. Creo que el tribunal se quedaría un poco flipado al escucharte, no menos tus compañeros de máster.

      En un tono má serio te diré que estás muy en lo cierto cuando hablas de la relación de la música con otras artes. Precisamente, el otro día, leía a un alumno que me hablaba de lo mismo. No creo que sea casual que coincidáis: quizá la músca esté pidiendo a gritos una expansión, no ya hacia el absurdo mundo de la música experimental: hacia una unión, relación, comunicación entre/hacia las otras artes.

      Me alegro mucho de que estés disfrutando por ahí, por donde Camilo Sesto, uyyy, que diga, Felipe VI. Y espero con ganas que termines de contarme lo que ayer el estricto horario de nuestras bibliotecas públicas te impidió acabar.

      Un abrazo. Gracias por todo, a ti y a IVANHOE.

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