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domingo, 17 de agosto de 2014

BEETHOVEN - Sonata nº 30, op. 109, 3er mov.


Este verano, estoy saliendo cada día a dar una larga caminata. El resto del tiempo lo paso trabajando, en casa, de cara al ordenador. Si no hiciera estos paseos creo que me habría solidificado, momificado o algo parecido. Ayer, sábado, culminé una parte muy laboriosa del proyecto en el que ando metido. Desde ese momento que ando perdido, no sé qué hacer, cómo acometer todo lo que queda para completar el proyecto, algo muy distinto de lo que he hecho hasta ahora. La verdad, me siento perdido.

En el transcurso de la caminata de esta mañana me he encontrado con esto:

El pequeño cascarón de un huevecillo que hasta hace pocas horas estaba ocupado por un polluelo, por un pajarito. Se podría decir que es algo insignificante, aunque, por otro lado, también se le podría atribuir una rica simbología. Yo no lo presento aquí por lo uno ni por lo otro, o, en todo caso, por lo primero. Un pequeño objeto, inservible, insignificante, inútil que, sin embargo, ha despertado mi curiosidad y no sólo eso, también un dulce sentimiento de ternura. En lo diminuto puede estar contenido lo infinito: en el interior de una gota de agua puede caber una montaña. Así, este pequeño cascarón, me ha hecho sentir una pequeña gota, inmensa como una montaña, de ternura. La imagen del indefenso pajarillo acurrucado bajo la seguridad de las alas de su madre: de nuevo un ser diminuto pero que contiene el infinito: la vida. La vida, la misma y única vida, la que hace saltar sobre la superficie del mar a la magnífica, soberbia y alegre ballena. Un dulce sentimiento de ternura… aunque, lo admito, no exento de cierta melancolía; quizá por evocarme la imagen de un nido, un hogar, algo que no sé muy bien si a lo largo de mi vida he llegado a sentir, a reconocer, a vivir. Ya ven lo que da de sí algo tan insignificante como el cascarón abandonado de un pajarillo.

No sé por qué, en cuanto he recogido del suelo los restos de huevecillo, ha venido a mi mente una melodía, una música. Quizá esta música me hace sentir, expresa, para mí «un dulce sentimiento de ternura». Es algo breve, casi una bagatela, podría serlo. Se trata del tercer movimiento de la sonata para piano número 30, opus 109 de Beethoven. Es un pequeño tema con variaciones, en la tonalidad principal de la sonata, mi mayor. Les propongo su audición. No he querido traer el movimiento completo: sólo el pequeño tema y la primera de las variaciones; quizá para resaltar el carácter de miniatura, quizá porque estas dos secciones son las que despiertan en mí el sentimiento arriba mencionado. Por supuesto, en estas dos miniaturas está contenido todo el genio de Beethoven, toda el alma, toda la vida de Beethoven: no es más Beethoven su novena sinfonía, ni sus últimos cuartetos de cuerda: no, es el mismo Beethoven, es el mismo espíritu el que da vida, el que vive en toda la música de Beethoven, me atrevería a decir, en toda la gran música que se ha escrito a lo largo de la historia: es la música: es música.

He escogido la versión de Emil Gilels. Hay muchas versiones de las sonatas de Beethoven, muchas muy buenas. Gilels estaba grabando su integral cuando le sorprendió la muerte, a la temprana edad de  68 años. No obstante se editó en un álbum todas las que llegó a grabar. Para mí es, quizá, la mejor versión de cuantas he escuchado. Y, repito, las hay muchas y muy buenas. Pero Gilels… su sonido, su cantabile, su magia: cuando no sabes muy bien el porqué, esa es la mejor, sin duda.

Con ustedes, para ustedes, este pequeño cascaroncillo, este pequeño tema, este «dulce sentimiento de ternura», interpretado por alguien que es el mejor sin saber por qué, sin porqué: ... ohne warum.






16 comentarios:

  1. N. B. Una vez he terminado de escribir la entrada me he sentado al piano y he comprobado que no es el segundo, sino el tercer y último movimiento de la sonata número 30 de Beethoven. Les pido disculpas, ando un poco extraviado.

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  2. «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba»
    Cuán profundo misterio encierra este antiguo axioma universal...

    Sencillamente, la gota de agua, o la eclosión de un huevo, no es sino la muestra de esto: la magia, la energía misteriosa que mueve a la vida, y le permite abrirse paso.

    Beethoven...

    Beethoven.

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    1. «Beethoven hace música de la música», esta frase, desde que te escuché pronunciarla, no dejo de repetirla cada día. El humilde Beethoven que se mantiene erguido ante los poderosos, el sordo Beethoven que escucha la Música de las Esferas, la música del Universo. Y toda esa grandeza se convierte en una miniatura, en unos pocos acordes, en una sencilla melodía. En esta época del año, los pájaros tardan en despertarse: las golondrinas ya marcharon, y las aves autóctonas quieren alargar un poco su estancia en el nido, ahora que todavía hace fresquito; desde las 6.30 que me levanté, tan solo he escuchado algún piar aislado. Es otro día que comienza, la vida, como tú dices, que se abre paso. Y recuerdo cuando estuve en Heiligenstadt, en la casa en la que Beethoven escribió su despedida del mundo: afortunadamente para la Humanidad, la luz se abrió paso entre las tinieblas, y Beethoven guardó su testamento en un cajón. Todavía, igual que entonces, me emociono al pensar en el pobre, en el gran Beethoven. Justo ahora, que acabo de escuchar a un pajarillo desperezarse.

      Un abrazo, querido Raúl

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  3. Saludo

    Me encanta la nota que hace de su experiencia, de su vivencia al encuentro del huevecillo y la vida naciente del pajarillo. Escucho algunos pájaros a través de mi ventana, soy ellos también. ( Recordé "Lo pequeño es hermoso", desde E. F. Schumacher). Envidio su cercanía al mar mientras me encuentro en medio del frío de los Andes colombianos habiendo debido posponer una visita al Mar Caribe.
    Usted no nos ha contado acerca de la temática de su proyecto del que si bien recuerdo se trata de una monografía, tesis, algo por ahí. Es muy natural que en medio de este tipo de trabajos se produzcan esa especie de saltos o detenciones entre lo se ha estructurado ya y lo que ha de continuar, momentos del proceso. ¿No? Gracias mil por este Beethoven, es muy rica esta sonata ... música música dice usted.
    A mi me encanta el primer movimiento... Y ésta primera variación del tema del tercer movimiento que usted toca... Estaré escuchándola.

    un quijote

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    1. ...Esta música (el tema y variación,'las minituras', como el tercer movimiento y la sonata toda) me trae una calma profunda muy especial, no sé cómo se asocia un pensamiento de no hay más nada que buscar, esto es.


      (Mi escritura, que sí, que anda estraviadonga, disculpas por favor: errata: "se produzca esa especie", que no "produzcan". - Don Miguel de Cervantes, ¡auxilíame! ).

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    2. Reconozco esa calma profunda que usted menciona con respecto a este fragmento de sonata. Es una serenidad llena, sin embargo, de emoción. Su tonalidad, «mi» mayor, es una de las más alegres, más extravertidas, y sin embargo aquí suena tranquila, como un paseo por los bosques de Viena. El tema es casi una canción de cuna: quién le iba a decir a Beethoven que estaba escribiendo una canción de cuna para un desconocido pajarillo...

      Es cierto, no hablo de mi proyecto, no digo qué es ni de qué va. Y es que no tengo ninguna fe en terminarlo; quizá, dentro de algún tiempo se convierta en un libro, no lo sé, pero no quiero poner nombre a una criatura que lo más probable es que no vea la luz. No se trata de una detención en mitad del proyecto, es algo más allá: no soy capaz de concentrarme, me siento hueco, absolutamente vacío y estéril. Quizá, cuando venga por aquí el frío del que usted se lamenta, se despejen algunas de mis brumas y pueda, así, ver una luz al otro lado. Pero, qué más da...

      Cómo somos los humanos: usted se lamenta del frío, mientras que yo deploro este calor húmedo. El mar, no lo he visto desde hace muchos meses, no he ido a la playa ni un solo día este verano. Pero reconozco que es muy hermoso. Quizá todavía acuda a visitarlo un día de estos; en tal caso me acordaré de usted, puede estar seguro.

      Le envío un cálido (en todos los sentidos del término) saludo.

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  4. Querido amigo:
    He leído con dedicación su honda entrada, y digo honda porque en ella nos muestra y derrama sus emociones, y las comparte de manera natural y espontánea con todos los que lo seguimos. Quizás aquí, en este compartir de sensibilidad y emociones radique la inmensa riqueza de este blog, de esta ventana abierta al aprendizaje no sólo académico y técnico de la música, sino a su entraña misma.
    La música esa maga sanadora, que tiene al igual que la poesía y el arte el poder de rescatarnos.
    Es curioso como el huevito roto le sale al paso...acababa de concluir una parte importante y laboriosa de su trabajo, todo fin, toda llegada a un tramo del puerto o camino nos deja vacíos, huecos.
    Lo entiendo perfectamente, conozco esa sensación, aunque en mi caso toda finalización me lleva a un estado de mente en blanco, de impasse y espera sin desesperación.
    Cuántos mensajes e hilos movilizadores le ha dejado el pequeño y fracturado cascarón! cuántas asociaciones creativas y estéticas, me ha conducido directamente a Gastón Bachelard en su estudio sobre las miniaturas.
    Las manos de Emil Gilels danzan sobre las partituras del genio, cuánta belleza y perfección!
    Ojalá todos tuviéramos esa capacidad de Beethoven para hacer miniaturas...
    Gracias por su entrada y la música, la foto y sus sentimientos.
    Abrazos sentidos.

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    1. Querida Inés,

      puedo admitir que, en algunos de sus comentarios, tiene usted razón; en otros no soy quién para afirmarlo. Tiene razón, lo que escribo brota de una manera absolutamente sincera y espontánea. Cuando comienzo a escribir no sé que voy a decir, no tengo ni idea de por qué derroteros van a ir mis pensamientos. Sólo sé que siento el deseo de decir algo, de contar algo, indefinible hasta que lo veo escrito, imprevisible. Siempre nace el deseo de algún acontecimiento, más o menos relevante, casi siempre intrascendente… a primera vista. Cuando he terminado de escribir y publico la entrada, siempre me ocurre que he de volver a corregir, como ha sido el caso de esta última entrada. Más tarde, cuando han pasado horas, siempre pienso que debería haber señalado esto o aquello, haber matizado. Por ejemplo, anoche, mientras no me podía dormir, pensaba que no había dicho nada sobre la impresionante interpretación de Gilels: alguien podría pensar que no puede haber nada de impresionante en la interpretación de una pieza tan sencilla: se equivoca: esta breve interpretación es una clase magistral de técnica pianística e interpretación musical. El timbre, el sonido que saca Gilels del piano es único, sólido como una montaña, dulce como los ojos de una cervatilla, amable, redondo, único; sus matices rallan lo imposible: hace un «diminuendo» cuyo final nos parece que no se va a escuchar, por la suavidad que está alcanzando; sin embargo, ahí está la culminación de ese «diminuendo», en un pianísimo inverosímil, pero sólido y tangible como una roca.

      También comparto con usted: siempre he temido los exámenes, no por la dificultad que pudieran suponer, sino por la sensación de vacío que siempre me han dejado, aunque obtuviese una alta calificación. Por eso, nunca he verificado, tras un examen, si mis respuestas habían sido correctas; «alea jacta est», los dados han sido echados, no mires atrás, el camino sigue. La sensación de vacío, de desamparo, de orfandad… algo ha terminado, se ha perdido, quedó atrás. Lo que he concluido de mi proyecto no es algo fácil, muy al contrario, ha sido algo que requiere unos grandes conocimientos en la materia, sin duda el aspecto más difícil de mi trabajo. Pero, no es inmodestia pues es mi profesión, para mí ha resultado fácil: nunca he escuchado música mientras trabajo: últimamente no puedo estar sin música de fondo, me abruma, me aplasta el silencio; incluso, y esto no debería decirlo, he trabajado en algún rato al mismo tiempo que veía trozos de películas, de vídeos musicales. Ahora, sin embargo, ante el trabajo fácil, me siento incapaz: miro y remiro los libros, leo y releo, busco y rebusco, y al cabo me encuentro con las manos completamente vacías, con la sensación de haber perdido el tiempo, con la angustiosa sensación de que no voy a ser capaz, de que no voy a seguir adelante. Sé por experiencia que a veces todo se queda en un susto, que al poco tiempo van saliendo las cosas. Sin embargo, ahora…

      Muchas gracias, querida Inés, por sus palabras, su comprensión, su sintonía y empatía.

      Correspondo con afecto, sinceramente, a sus abrazos

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  5. De Diecisiete haiku, La cifra.
    Jorge Luis Borges


    Callan las cuerdas.
    La música sabía
    lo que yo siento.

    Desde aquel día
    no he movido las piezas
    en el tablero.

    En el desierto
    acontece la aurora.
    Alguien lo sabe.

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    1. Justo, en este preciso momento, estaba pensando lo que usted ha escrito, casi con las mismas palabras. (Calla el mundo con un silencio ensordecedor...)

      «La casualidad no es, ni puede ser más que una causa ignorada de un efecto desconocido» (Voltaire)

      Le doy las gracias,

      afectuosamente.

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    2. Entonces, quisiera hablarle en el silencio, 'las palabras son, a veces, limitaciones que no dicen.'
      Un silencio cálido, verde, azul...

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    3. Muchas veces las palabras son estrechos cercados vacíos; lejos de expresar y transmitir razonamientos o emociones absorben y confunden la percepción del receptor. En realidad, la comunicación, el diálogo entre dos sujetos es casi un imposible; el emisor lanza una palabra escogida de un vocabulario determinado, y dicha elección está sometida a multitud de factores, muchos de los cuales (quizá la mayoría) poco o nada tienen que ver con la comunicación: por ejemplo, una palabra es el envoltorio de la imagen que pretende dar de sí mismo el emisor, de la impresión que quiere causar. Mucho más sincero y elocuente es el lenguaje gestual o corporal: estos lenguajes no mienten porque se escapan de la voluntad del emisor: por ejemplo, cuando nos resulta grata la persona con la que hablamos se nos dilatan las pupilas: ¡nadie es capaz de contraer o dilatar las pupilas a voluntad! Por eso, incluso más que la filosofía, el lenguaje poético es, bien empleado, mucho más expresivo. Para ello se vale, entre otras muchas herramientas, de la sinestesia, de la que usted ha expuesto unos ejemplos: dota a objetos cuya captación requiere de un sentido determinado atributos propios de objetos de ser captados por un sentido distinto: por ejemplo, el silencio se capta con el oído, el calor con el tacto: cuando decimos «silencio cálido» transmitimos un mensaje comprensible, expresivo, pero que en realidad es un imposible: un silencio no puede ser cálido (ni verde, ni azul). El adjetivo «cálido» es muy utilizado, es un adjetivo polivalente: así hay: colores «cálidos o fríos», acogidas, despedidas, tratos, palabras... «cálidas, frías, cálidos, fríos, templados, destemplados, tibios...»

      Le ruego me disculpe por esta explanación. Quizá debería haberle dicho simplemente que le entiendo, y que me complace que quiera hablarme en el silencio: le he escuchado y entendido, y le agradezco sus palabras transparentes, cristalinas como el agua en la boca del manantial, como el invisible aire que nos da la vida.

      Un afectuoso saludo (y cálido).

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  6. Estimado profesor Carlos,

    No se imagina usted -porque no lo he expresado- todo lo que ha suscitado en mí su invitación a la escucha de las partes de esta sonata de Beethoven. (He emprendido el estudio apreciativo de ella). Algo tengo de las interpretaciones de otros (Barenboim, Arrau, Ritcher) pero no me había detenido en el señor Gilels. Nada más decir al respecto, me remito a sus muy apreciadas palabras.

    Quisiera responder a su comentario sobre las últimas líneas que le envié. Debo disculpar -es una broma- no su explanación sino la explicación que ella contiene. De aquellas líneas mías no creo pueda interpretarse que ellas pretendan causar una impresión de mi persona. Tampoco pretendían elaborar o valerse ni de sinestesias, ni de teorías antiguas o modernas del círculo cromático. Decían eso: la calidez posible del silencio.

    No obstante y para matizar: las figuraciones plásticas del silencio, las que he verbalizado -u cualquier otra-, son, por supuesto, susceptibles de análisis. Y el suyo es una aportación que le agradezco. Afectuosamente.





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    1. Estimado amigo,

      pocas cosas hay más silenciosas que las palabras escritas. El humano hubo de caminar mucho trecho antes de inventar esa magia que consiste en convertir en signos dibujados algo que hasta ese momento estaba hecho sólo de aire. Anoche, precisamente, estuve pensando un rato en la transmisión oral, con respecto a la música popular o folclórica: ¿qué se gana y qué se pierde en el tránsito de lo oral a lo escrito? Libros, enciclopedias, se podrían escribir al respecto (ya se han escrito). Usted y yo no nos conocemos: yo desconozco cuál es su aspecto y lo mismo le ocurre a usted con el mío. Yo no puedo ni imaginar qué gestos hace usted cuando habla, cuando abre mucho o entorna los ojos, si sube o baja las cejas, si frunce el ceño, cuánto, cómo mueve las manos… Lo mismo puede decir usted sobre mí. Tampoco conozco su voz, qué inflexiones, qué matizaciones modela mientras habla, cómo enfatiza; usted tampoco conoce mi voz ni sus acentos. Verá, estimado amigo, yo, cuando respondo a alguno de sus comentarios no lo hago a tenor de lo que leo al pie de la letra: en muchas ocasiones ni tan siquiera sé si es a usted a quien respondo, pues no siempre se identifica con el seudónimo que ha escogido. Cuando leo un comentario anónimo simplemente me dejo llevar por la impresión que me ha causado su lectura, más por los sentimientos que me ha causado que por su contenido: leo un comentario y se dispara mi imaginación y respondo algo que tenga un poco que ver con lo leído: pero «sólo un poco que ver». Eso mismo hice al responderle ayer, y eso mismo estoy haciendo ahora.

      Es cierto, el silencio puede ser muy cálido: qué relación más estrecha, qué sentimiento más íntimo une a dos personas que pueden estar juntas largo rato en silencio y sentirse tan felices: sólo quien ha vivido esta experiencia puede entender lo que digo.

      Cambiando de tema… Gilels: su interpretación de las sonatas de Beethoven está al borde de lo increíble. En cualquier zona del teclado consigue que se escuchen las distintas voces con una independencia y claridad absolutas. Esto es especialmente difícil en los registros medio y grave del teclado, como uste muy bien sabe. En el tema de estas variaciones hay unas notas de paso en el bajo que, como tales, forman disonancia con la melodía: Gilels funde el bajo con la melodía a la vez que mantiene intacta la independencia de cada línea, y permite que se escuchen ambas como dos melodías en perfecta armonía: es asombroso. Cada nota que toca, todas y cada una, tienen el mismo cuerpo, la misma pureza de timbre, la misma entidad, cada nota es tan bella como la que más.

      En fin, estimado amigo, seguiremos hablando desde este cálido y acogedor silencio.

      Un cordial saludo

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  7. Para mí, la más intimista y lírica versión del 3er tiempo de esta maravillosa sonata es la de Rhodes : https://www.youtube.com/watch?v=C8ayD3BjplY

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  8. Cuando escribí esta entrada el pianista que mencionas, James Rhodes, todavía no era conocido, al menos por estas latitudes. Te agradezco tu aportación y opinión.

    Un cordial saludo

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