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viernes, 1 de agosto de 2014

RECUERDO DE SVIATOSLAV RICHTER – Una visión fugitiva



Tal día como hoy, 1 de agosto, de 1997 fallecía en Moscú Sviatoslav Richter. Esta mañana he recibido un libro que se escribió sobre él y que fue publicado en ¡2005!, hace nueve años: el azar, y sólo el azar ha querido que me enterase de la existencia de este libro; ha querido ser caprichoso, el azar, y hoy, como he dicho, aniversario de su muerte, lo he recibido. Se trata de una recopilación de recuerdos y semblanzas de Richter llevada a cabo por Dimitri Dorliac, sobrino de Nina Dorliac, la esposa y compañera inseparable de Slava. 



























No he tenido tiempo más que de hojearlo por encima y compruebo que, además, contiene numerosas fotografías, la mayoría de ellas desconocidas para mí. Leo en la contraportada que esta edición, en francés, ha sido adaptada, traducida y completada George Gavriloff y un grupo de colaboradores. Magellan & Cie ha sido la editorial que lo ha publicado. 


Estas coincidencias han sido las que me han movido a escribir esta entrada. En primer lugar como recuerdo, siempre emocionado, de Richter. También con la intención de dar noticia a quienes estén interesados de la existencia de este libro. 

Voy a traducir, a continuación, unas palabras escritas en la trasera del libro. Para finalizar este breve recuerdo podemos escuchar una de sus últimas interpretaciones en directo: la Pieza para piano en si menor, Op. 119, número 1 de Johannes Brahms, en grabación efectuada en Kempten el 2 de noviembre de 1991.

SVIATOSLAV RICHTER…

Todo el mundo conoce al pianista y su inmenso talento.
Pocas personas imaginan al hombre en su vida cotidiana,
con su fragilidad, su modestia, y, sobre todo, el candor del eterno niño
que quizá sea el verdadero secreto para acceder a la perfección del arte.

En este Visions fugitives, Dimitri Dorliac, que fue familiar suyo,
nos hace descubrir, detrás del hombre público,
el ser noble y auténtico, hecho de abnegación y ascetismo,
enteramente dedicado a la música.




6 comentarios:

  1. Querido Carlos creo que las casualidades no existen! Creo que su amado Richter le ha enviado ese libro, justo el día del aniversario de su partida.
    Un guiño delicioso, un guiño de un niño eterno para que pueda disfrutar no sólo cómo lo ha venido haciendo a lo largo de toda su vida ( desde la infancia) de su música, sino también de sus fotografías y retazos de esa vida noble.
    Me alegro muchísimo que este libro haya llegado a sus manos.
    Gracias por compartir con todos nosotros su emoción.
    Un abrazo muy fuerte!

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    1. Gracias, querida Inés, por su bonito y afectuoso comentario. Sí, es posible que sea como usted dice: no sé si existirá el cielo, pero, en todo caso, sí debería existir un lugar, un ámbito etéreo y resplandeciente de luz, que acogiera los espíritus de las personas como Richter; de ser así, seguro que Slava me ha enviado ese precioso regalo. Porque Richter fue una persona muy afectuosa y llena de generosidad, regaló su arte por donde quiera que pasó, a quien quiera que se lo pidiese: he leído esta mañana un relato muy bonito que da fe de ello. En cierta ocasión, la actriz Odile Versois, persona muy culta y amante de la música, fue recibida por Richter, quien había cancelado un recital por encontrarse enfermo, con fiebre; en la habitación del hotel en la que le recibió estaban, junto con él, Nina, su profesor, Neuhaus, y alguien más; la visita transcurrió muy apaciblemente, y Odile, tras pensárselo muy mucho, pidió a Richter que tocara para ella; Richter se excusó, dijo que se encontraba mal, que tenía fiebre, las manos sudorosas, que no estaba en dedos, lo cual fue reiterado por Nina. No obstante, ante la desilusión de Odile, Richter se decidió a tocar: la obsequió tocando para ella durante una hora y media. Así fue ese «eterno niño», bondadoso niño, llamado Sviatoslav Richter.

      Correspondo sinceramente a su abrazo

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  2. Muchas gracias profesor Carlos, que nos alegra usted en lo muy hondo y sereno compartiendo este su regalo de los señores Ritcher y Brahms. El mundo es uno solo, siento; como sin cuenta del tiempo. Mire usted, que recibir el libro en el aniversario del fallecimiento del señor Ritcher, como un contínuo de la vida el presente y la escucha. Allá y aquí. Y me parece que el relato que usted nos cuenta prolonga esa vivencia del tempo 'sin tiempo': una hora y media transpasados en música los asistentes, más allá de las circunstancias de la indisposición de la enfermedad.

    otro abrazo
    :) un quijote

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    1. Sabemos bien poco, amigo quijote, de lo que hay o no hay, de lo que es o no es. Por no hablar de la sustancia de las cosas, del cómo. Aun así, con lo poquito que sabemos, sí somos capaces de diferenciar, de distinguir. ¿Qué misterio se encierra tras las coincidencias?, es un enigma; pero ¿qué se esconde tras el hecho de vencer la enfermedad, sacar fuerzas de flaqueza y dar, regalar, con esfuerzo y sacrificio, conceder, otorgar?, para eso sí tenemos respuesta: bondad, generosidad. Quizá sea todo lo que nos haga falta saber: reconocer la generosidad y la bondad.

      Un abrazo, amigo quijote

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  3. Como no, profesor Carlos, esfuerzo y generosidad, bondad. También, sin duda, el goce mismo que ha de haberle deparado a Ritcher hacer música y compartir la vivencia de ella con su visitante. Y con quienes estuviesen presentes en aquella ocasión.
    Pero estoy muy de acuerdo con usted, con su reflexión. ¡Gracias!

    un quijote

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    Respuestas
    1. No hay de qué, es un placer intercambiar opiniones con usted.

      Un cordial saludo

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