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lunes, 1 de septiembre de 2014

BACH - Agnus Dei (Misa en si menor) Albrecht Mayer


Hoy traigo a «Guerra y Paz» una música realmente excelsa, a la vez que vivamente conmovedora. Se trata del Agnus Dei de la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach. Pero dado que la traigo en una versión distinta de la concebida por Bach quisiera hacer un breve comentario.

Bach empleó muy a menudo un procedimiento denominado parodia. Se trata de reutilizar una música escrita con anterioridad para una nueva composición. Lo más frecuente es que se trate de música vocal, de ese modo, lo único que se cambia es el texto. Este procedimiento ha sido frecuentemente utilizado por muchos autores; en Bach tiene, además, una diferenciada característica: siempre convertía, reutilizaba, una música profana en música religiosa pero nunca en sentido inverso: la música que se había convertido en religiosa o la expresamente escrita con fines religiosos nunca pasaba con posterioridad a ser utilizada como música profana. Por qué explico esto. La versión que he traído hoy contraviene este principio bachiano: convierte el Agnus de una misa en una pieza instrumental al ser interpretada la parte vocal, la que, obviamente, contiene el texto religioso, en música instrumental, con lo que el texto, la palabra, desaparece: música religiosa que pasa a ser música profana. Por regla general, a mí no me gusta que se haga esto: ¿por qué hacer lo que Bach evitaba a toda costa? No obstante yo mismo le he hecho con fines pedagógicos. También hay que decir que he escuchado transcripciones que, independientemente de cualquier supuesto, son de muy mala calidad, y estoy evitando a toda costa emplear palabras groseras. Pero, claro, todo tiene su excepción. El oboísta alemán Albrecht Mayer es un intérprete excepcional y un músico extraordinario. No sólo ha grabado la mayor parte del repertorio para su instrumento sino que también se ha dedicado a la bella tarea de tocar transcripciones, siempre con un buen gusto impecable. En 2003 grabó un cd titulado Lieder ohne Worte (Bach für Oboe und Orchester), «Canciones sin palabras (Bach para oboe y orquesta)» en el que interpreta obras de Bach concebidas para otro instrumento adaptadas al suyo propio. En este caso, el del Agnus, toca, en realidad, un corno inglés. ¿Es posible que un intérprete con un instrumento exprese lo que diría un cantante con su voz? Mayer nos demuestra que sí. El texto del Agnus, canto que forma parte del ordinario de la misa, es una petición de piedad, pide misericordia por los pecados cometidos para ser así dignos de tomar la comunión. La simbología que encierra esta oración es un poco cruenta: Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis, es decir, «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo ten piedad de nosotros». Desde los orígenes del cristianismo se ha utilizado la figura del cordero para simbolizar a Jesucristo, en tanto en cuanto, Jesucristo fue sacrificado para la salvación del hombre, del mismo modo que se sacrificaba un cordero como ofrenda a Dios. Recuérdese, por ejemplo, el pasaje bíblico en el que Dios le pide a Abraham que le ofrezca en sacrificio a su primogénito, Isaac; cuando Abraham ya esgrime el cuchillo para el infanticida holocausto aparece un ángel y le dice que ya ha probado su fe y obediencia, y ofrece a Abraham un carnero para que lo sacrifique a Dios en lugar de Isaac. Mayer, con su magistral interpretación, expresa la petición de clemencia, de piedad, con una voz que clama, que suplica, que ruega, con dulzura, con la triste dulzura de quien pide piedad. Claro, nosotros conocemos el texto a priori, de no ser así podríamos pensar cualquier otra cosa. Pero, por eso mismo sabemos el texto, podemos reconocer el significado que Mayer quiere expresar con su interpretación.

Puesto que, como dice el título del cd, vamos a escuchar una canción sin palabras, podemos enriquecer, si cabe, esta audición, valiéndonos de la contemplación de otra obra maestra de la Historia del Arte: «La Piedad», de Miguel Ángel. En ella podemos comprobar todo lo hasta aquí explicado: Jesús, reposa después de haberse ofrecido en sacrificio, en los brazos piadosos de su madre, la Virgen María. La escultura de Miguel Ángel sigue conmocionando con el paso de los siglos. La expresión de Jesús es la de quien reposa, al fin, tras haber sido martirizado; no es una expresión de paz, en su rostro todavía podemos ver las huellas del martirio: María lo acoge en sus brazos con infinita piedad, todo lo que, al cabo, puede ya ofrecerle.


La música de Bach, la escultura de Miguel Ángel, la interpretación de Mayer, y el texto desaparece, se esfuma, se convierte en expresión pura sin necesidad de la palabra.

Escuchen, observen, sientan, seguro que al escuchar a Mayer entienden lo que quiero decir. Y se conmueven.


2 comentarios:

  1. Pues la versión que contraviene el principio bachiano es extraordinaria, bien lo dice Ud, absolutamente conmovedora, ese oboe pareciera la voz misma del hombre pidiendo y rindiendo plegarias.
    Preciosa la relación que nos regala en esta entrada, quién mejor que Miguel Ángel en esa Piedad única e irreemplazable para acompañar a Bach en esta interpretación tan sublime.
    Y el texto?, su texto, aportándonos y acercándonos al conocimiento y la hondura de estas obras.
    Que no desaparezca el texto....los que somos amantes sencillos de la música lo necesitamos para aprender.
    Cada que vez que contemplo La Piedad me detengo en el rostro de la Virgen, es una niña! una niña que sostiene en sus brazos a un hombre joven atravesado por la muerte...
    Gracias Carlos por Bach, La Piedad, Mayer y su sustancioso texto!
    Abrazos desde la emoción.

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    1. Sí, es cierto, tiene usted razón, la virgen es una niña, una jovencita que históricamente debería ser una señora de edad avanzada. Mediante ese recurso Miguel Ángel quiere ensalzar la inocencia de María, el candor, la dulzura y, sí, la piedad, sin histrionismos, desde la candidez: al mismo tiempo, la mano derecha de la Virgen parece expresar estupor, incredulidad, ¿de verdad tengo a mi hijo muerto entre mis brazos? Todos estos sentimientos son más propios de una niña que de una anciana.

      La música de Bach es de un dramatismo muy emotivo, pero también sin caer en la desesperación, en la tragedia: dramatismo emotivo. Bach, con tres pinceladas, con tres voces (bajo, violín y voz) expresa una vez más todo lo necesario, conmoviendo, claro, no puede ser de otro modo. Puesto que la veo a usted ávida de conocimientos le explicaré aquí, en respuesta a su comentario, que Bach escribe este Agnus en una tonalidad menor, sol menor, y que todas las modulaciones que hace son, siempre, también a tonalidades menores. El modo menor siempre es más recogido, triste, expresivo, doliente... que el mayor; es como si un pintor hubiera empleado toda la gama de negros, grises, marrones. Parece un recurso fácil, y lo es, lo que es sumamente difícil, tanto que sólo es dado a unos pocos, es conseguir luz, sí, luz, con esos tonos, y aquí la palabra tono adquiere todo su relieve: la piedad, como todo gran sentimiento, está bañada en luz, en la luz de la bondad y la generosidad.

      El sonido del corno inglés, y el que obtiene de este instrumento Mayer, también es marrón, oscuro en todo caso. Y también Mayer, mediante un uso de las articulaciones, matices y timbres, muy expresivo pero también sabiamente comedido consigue luz, luz que irradia sobre nosotros con mucho esfuerzo y generosidad.

      Luz, Inés, la luz de la que tan faltos andamos en este mundo de tinieblas: la luz de la piedad, la luz del arte, de la música, la luz del amor: una luz que nos ilumine un trecho del camino, trecho somero, breve, pero bañado de infinitud, pues infinita es la luz.

      Le agradezco enormemente su bello comentario.

      Un cálido abrazo

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