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jueves, 20 de marzo de 2014

RICHTER, WALSER Y LA PRIMAVERA



Tal día como hoy, hace 99 años, nacía quien estaba llamado a ser uno de los más grandes artistas de la historia: Sviatoslav Richter. Se da la coincidencia de que hoy comienza esa estación del año, tan a menudo relacionada con la esperanza, con el renacer, con la vida: la primavera. Acabo de empezar a leer un libro: «Sueños», de Robert Walser. Es un libro de relatos, y el tercero de ellos lleva como título «Primavera». Como humildísimo homenaje por mi parte al más grande pianista de la historia, voy a escribir aquí, en su memoria, el relato mencionado. Humildísimo mi esfuerzo, que no el relato, tan delicado, tan bondadoso, tan sublime en su sencillez. Sin más preámbulos.

«Primavera»

Robert Walser

En cierta ocasión, la pasada primavera, poco antes de comer, estaba a punto de bajar a la ciudad, a media altura de la montaña, desde donde se disfruta de una vista tan preciosa del paisaje. La tierra húmeda olía a primavera; yo acababa de salir del bosque de abetos y me detuve junto a un matorral o arbusto sobre cuyo ramaje espinoso se posaba un pajarito con el pico muy abierto, similar a una tijera con la que alguien pretendiera cortar algo. Evidentemente el delicado y pequeño animalito posado en la rama intentaba ejercitarse en el canto forzando la garganta. Qué bonito, dulce, amigable era todo a mi alrededor… Por doquier se apreciaba y se escuchaba un presentimiento delicado y alegre, un alborozo, un embeleso aún no desvelado, un júbilo inadvertido y no liberado. Yo veía la primavera en el piquito abierto del pájaro, y al avanzar unos pasos, pues abajo tocaban a mediodía, vi a la dulce, querida, divina primavera bajo otra figura completamente distinta. Una pobre anciana, abatida y encorvada por los años, sentada sobre un murete, miraba taciturna al infinito, como si estuviera sumida en prolongadas reflexiones. Qué suave era el aire y qué benigno el bondadoso sol. La viejecita estaba sentada tomando el sol. «La primavera ha venido», cantaba el aire por doquier, desde todos los rincones y esquinas.

Sviatoslav Richter (20 de marzo de 1915 – 1 de agosto de 1997)

In memoriam



También de Walser, como epílogo, escribo aquí las últimas frases de otro de sus relatos, «En el bosque»:

(…) Me acerqué más a los árboles, el entorno estaba lleno de ramas y de paz espectral. De vez en cuando surgía un resplandor en medio de la negrura. Celestial oscuridad, profundo, alegre hechizo. Me habría encantado tumbarme y no volver a salir nunca del bosque. No vivir ningún otro día claro, inquieto, sino una única noche perpetua, alegre, silenciosa, serena, pacífica y amorosa.

Ambos, Richter y Walser, moran ya en esa  «una única noche perpetua, alegre, silenciosa, serena, pacífica y amorosa».