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sábado, 6 de septiembre de 2014

BACH - Cantata BWV 208, No. 9: Aria. Khatia Buniatishvili, piano.


En la entrada anterior pudimos escuchar una transcripción para corno inglés y orquesta de cámara del Agnus Dei de la misa en si menor de Bach. Hoy les propongo la audición de una transcripción para piano de un aria de la cantata BWV 208, también de Johann Sebastian Bach. Y así como en la entrada anterior hacía hincapié en la relación entre música y texto, en este caso voy a omitir cualquier alusión al texto de esta aria. ¿Por qué?, no lo sé. Sencillamente he escuchado esta transcripción y no he podido evitar la tentación de ponerla aquí. La música es sublime, la transcripción impecable, y la interpretación exquisita. La pianista georgiana Khatia Buniatishvili, nacida en 1987, expresa la música de Bach con una transparencia inusitada; del interior de esa luminosa transparencia consigue destacar la melodía con un timbre perlado, nítido, asombroso y, se podría decir, asombrado de sí mismo. No necesitamos texto para saber perfectamente qué nos dice Bach al oído, rescatado del papel por las sabias manos de Khatia, manos que apenas tienen 27 años.

Les aseguro que es una música prodigiosa prodigiosamente interpretada. Una música que viene a iluminar esta tarde cansada de este cansado verano que perece, que dentro de poco marchará a ese misterioso lugar desde el que las cosas no vuelven más. Nunca más.

 

© Adriano Heitman

P. S. Mirando por ahí me he encontrado con esto:
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lunes, 1 de septiembre de 2014

BACH - Agnus Dei (Misa en si menor) Albrecht Mayer


Hoy traigo a «Guerra y Paz» una música realmente excelsa, a la vez que vivamente conmovedora. Se trata del Agnus Dei de la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach. Pero dado que la traigo en una versión distinta de la concebida por Bach quisiera hacer un breve comentario.

Bach empleó muy a menudo un procedimiento denominado parodia. Se trata de reutilizar una música escrita con anterioridad para una nueva composición. Lo más frecuente es que se trate de música vocal, de ese modo, lo único que se cambia es el texto. Este procedimiento ha sido frecuentemente utilizado por muchos autores; en Bach tiene, además, una diferenciada característica: siempre convertía, reutilizaba, una música profana en música religiosa pero nunca en sentido inverso: la música que se había convertido en religiosa o la expresamente escrita con fines religiosos nunca pasaba con posterioridad a ser utilizada como música profana. Por qué explico esto. La versión que he traído hoy contraviene este principio bachiano: convierte el Agnus de una misa en una pieza instrumental al ser interpretada la parte vocal, la que, obviamente, contiene el texto religioso, en música instrumental, con lo que el texto, la palabra, desaparece: música religiosa que pasa a ser música profana. Por regla general, a mí no me gusta que se haga esto: ¿por qué hacer lo que Bach evitaba a toda costa? No obstante yo mismo le he hecho con fines pedagógicos. También hay que decir que he escuchado transcripciones que, independientemente de cualquier supuesto, son de muy mala calidad, y estoy evitando a toda costa emplear palabras groseras. Pero, claro, todo tiene su excepción. El oboísta alemán Albrecht Mayer es un intérprete excepcional y un músico extraordinario. No sólo ha grabado la mayor parte del repertorio para su instrumento sino que también se ha dedicado a la bella tarea de tocar transcripciones, siempre con un buen gusto impecable. En 2003 grabó un cd titulado Lieder ohne Worte (Bach für Oboe und Orchester), «Canciones sin palabras (Bach para oboe y orquesta)» en el que interpreta obras de Bach concebidas para otro instrumento adaptadas al suyo propio. En este caso, el del Agnus, toca, en realidad, un corno inglés. ¿Es posible que un intérprete con un instrumento exprese lo que diría un cantante con su voz? Mayer nos demuestra que sí. El texto del Agnus, canto que forma parte del ordinario de la misa, es una petición de piedad, pide misericordia por los pecados cometidos para ser así dignos de tomar la comunión. La simbología que encierra esta oración es un poco cruenta: Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis, es decir, «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo ten piedad de nosotros». Desde los orígenes del cristianismo se ha utilizado la figura del cordero para simbolizar a Jesucristo, en tanto en cuanto, Jesucristo fue sacrificado para la salvación del hombre, del mismo modo que se sacrificaba un cordero como ofrenda a Dios. Recuérdese, por ejemplo, el pasaje bíblico en el que Dios le pide a Abraham que le ofrezca en sacrificio a su primogénito, Isaac; cuando Abraham ya esgrime el cuchillo para el infanticida holocausto aparece un ángel y le dice que ya ha probado su fe y obediencia, y ofrece a Abraham un carnero para que lo sacrifique a Dios en lugar de Isaac. Mayer, con su magistral interpretación, expresa la petición de clemencia, de piedad, con una voz que clama, que suplica, que ruega, con dulzura, con la triste dulzura de quien pide piedad. Claro, nosotros conocemos el texto a priori, de no ser así podríamos pensar cualquier otra cosa. Pero, por eso mismo sabemos el texto, podemos reconocer el significado que Mayer quiere expresar con su interpretación.

Puesto que, como dice el título del cd, vamos a escuchar una canción sin palabras, podemos enriquecer, si cabe, esta audición, valiéndonos de la contemplación de otra obra maestra de la Historia del Arte: «La Piedad», de Miguel Ángel. En ella podemos comprobar todo lo hasta aquí explicado: Jesús, reposa después de haberse ofrecido en sacrificio, en los brazos piadosos de su madre, la Virgen María. La escultura de Miguel Ángel sigue conmocionando con el paso de los siglos. La expresión de Jesús es la de quien reposa, al fin, tras haber sido martirizado; no es una expresión de paz, en su rostro todavía podemos ver las huellas del martirio: María lo acoge en sus brazos con infinita piedad, todo lo que, al cabo, puede ya ofrecerle.


La música de Bach, la escultura de Miguel Ángel, la interpretación de Mayer, y el texto desaparece, se esfuma, se convierte en expresión pura sin necesidad de la palabra.

Escuchen, observen, sientan, seguro que al escuchar a Mayer entienden lo que quiero decir. Y se conmueven.