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miércoles, 14 de marzo de 2018

«ANTE TODO, NO HAGAS DAÑO» - HENRY MARSH

Henry Marsh

Recientemente cayó en mis manos, de manera fortuita, el libro:

«Ante todo, no hagas daño»

escrito por el neurocirujano Henry Marsh, publicado por EDICIONES SALAMANDRA S.A, y traducido por Patricia Antón de Vez.

Como todos saben, el título no es otra cosa que el llamado «juramento hipocrático», que recibe ese nombre por ser atribuido a Hipócrates (c. 460 a. C.), como nos recuerda el autor al comienzo del libro. Añade otra cita:

«Todo cirujano lleva en su
interior un pequeño
cementerio al que acude a
rezar de vez en cuando,
un lugar lleno de amargura y pesar,
en el que debe buscar explicación
a sus fracasos»

René Leriche,
La filosofía de la cirugía,
1951

En cuestión de dos o tres días devoré sus 354 páginas. Esta es la reseña del editor:

A punto de poner fin a una dilatada carrera plena de éxitos y reconocimiento, Henry Marsh, uno de los neurocirujanos más eminentes de Gran Bretaña, ha querido exponer a los ojos del mundo la esencia de una de las especialidades médicas más difíciles, delicadas y fascinantes que existen. El resultado es este volumen que ha cautivado y conmovido tanto a los críticos más exigentes como a todo tipo de lectores, y que poco tiempo después de su publicación se encaramó a las listas de más vendidos del Sunday Times y el New York Times. Escogido «Mejor Libro del Año» por el Financial Times y The Economist, obtuvo los premios PEN Ackerley y South Bank Sky Arts y fue finalista del Costa Book Award, el Guardian First Book Award y el Samuel Johnson de no ficción. A los mandos de un microscopio ultrapotente y un catéter de alta precisión, el doctor Marsh se abre camino por los intersticios del cerebro. Con frecuencia, de su pericia y de su pulso dependen que un paciente recupere la visión o acabe en una silla de ruedas. Hay días en los que salva vidas, pero también hay jornadas nefastas en las que un pequeño error o una cadena de infortunios lo hacen sentirse el ser más desdichado sobre la faz de la Tierra. Mucho más cercano a una confesión personal que a una autobiografía complaciente con el autor, este libro, cuyo título se inspira en el juramento hipocrático, supone un auténtico alarde de valentía y de honestidad intelectual, un relato vibrante y luminoso que logra remover nuestros sentimientos más profundos y ensanchar nuestro umbral de sabiduría y compasión.

Es un buen libro, quizá un gran libro. Marsh habla con sinceridad. Narra, y reconoce sin ambages, los errores que ha cometido a lo largo de su carrera: errores, cosas que salen mal, malas decisiones, que, dado el cometido de su trabajo, han tenido funestas consecuencias. También nos cuenta sobre intervenciones exitosas. Sus errores nos los cuenta sin paliativos, también sin dramatismo añadido, tal cual: reconoce sinceramente que se equivocó; las intervenciones en las que todo salió bien las cuenta sin orgullo ni falsa modestia, también tal cual. Habla de otras cosas, como, por ejemplo, cuando echa pestes de la estúpida burocracia que ha de seguir en muchas ocasiones y que entorpece su trabajo. No falta en este libro una pizca de buen humor.

Creo, modestamente, que su modo de proceder es el correcto, el que deberíamos seguir todos. Cuando hacemos las cosas bien no estamos haciendo otra cosa más que lo que se espera de nosotros, no hay razón para sentirse orgulloso, simplemente hemos hecho lo que debíamos hacer; y, claro, cuando algo sale mal, no debemos tener ningún pudor en admitirlo y reconocerlo: somos humanos, nos equivocamos, tenemos malos días, y también está el factor suerte. Creo que, sobre todo, quienes trabajamos atendiendo unas u otras necesidades de las personas, todos deberíamos tener en nuestro interior ese «cementerio» al que acudir de tanto en tanto a rezar nuestras oraciones por las muchas, incontables veces, en las que nos hemos equivocado, en las que, en la medida que sea, hemos hecho daño a alguien, por supuesto de manera no deliberada. Pienso que nosotros, los profesores, al volver cada noche a casa, debemos examinarnos a nosotros mismos (e intentar abolir examinar a los alumnos de una vez por todas), pensar si hemos tratado bien y por igual a cada alumno, si hemos explicado esto o aquello de la mejor manera, si hemos ido un poco más allá de nuestras estrictas competencias y hemos sido pacientes, comprensivos, generosos: claro, muchas noches cuesta un poco conciliar el sueño. Pero al día siguiente se nos brindará de nuevo la oportunidad de hacer bien las cosas, y debemos aprovecharla.

Siempre he pensado que el oficio más noble es el de médico: no hay nada como paliar el sufrimiento y devolver la salud a quien sufre y padece enfermedades. También pienso que la siguiente profesión en la escala es la de profesor, tanta es la responsabilidad que atribuyo a mi oficio. Eso en sociedades más o menos «ideales» como la nuestra. En otros lugares las cosas adquieren otras dimensiones: un profesor en Alepo lo mejor que puede hacer es ponerse un casco blanco y echarse a la calle; un médico sigue teniendo la misma importancia y tendrá que hacer lo mismo que haría en Viena, aunque en circunstancias deplorables e inadmisibles, claro está. En fin, no sé si me explico.

He encontrado un vídeo documental en YT sobre nuestro doctor, titulado «Kiev – El cirujano inglés». Resulta que desde hace mucho tiempo Marsh acude cada año a Kiev con el propósito de echar una mano por allí. Ni qué decir tiene que las condiciones en las que se ejerce la neurocirugía en esa ciudad, en ese país, Ucrania, son terribles; de modo que Marsh recoge todo el material que puede y se lo lleva para allá. Resulta que, en Inglaterra, donde ejerce, y supongo que también en otros muchos sitios, todo el material que se utiliza en una operación hay que tirarlo a la basura una vez finalizada, y estamos hablando de un material valorado en unas tres o cuatro mil libras. Material que sólo se ha utilizado una vez… Supongo que las empresas que fabrican estos materiales habrán «mantenido reuniones al más alto nivel» para conseguir que esto sea así, y dejémoslo ahí. También supongo que por estos lares se nos ha inculcado que en ningún caso debemos admitir que se nos taladre el cráneo con la misma broca que se ha taladrado al vecino del quinto. Bien, el caso es que en Kiev reciben de muy buen grado todas esas brocas y otros utensilios, y allí serán utilizados no una vez ni dos, sino hasta que ya no den más de sí, y entonces las llevarán al afilador... Hasta una silla de cirujano se lleva para Kiev en uno de sus viajes. Eso sí, aquí hay mucho rollo con el reciclaje y tal y cual… Pero el negocio es el negocio.

Al final del documental (les pido perdón, no puedo dejar de mencionarlo), Marsh dice algo que debería ser lo normal y habitual, algo que no debería sorprendernos, pero que, sin embargo, nos emociona escuchar, y con esto acabo:

«Qué somos nosotros si no intentamos ayudar a los demás: nada de nada»




Se pietà di me non senti
giusto ciel io morirò.
Tu da' pace a' miei tormenti
o quest'alma spirerò.

11 comentarios:

  1. Estimado Carlos:

    Ante todo agradecerle el material que usted comparte y casi sin pensarlo, me he hecho seguidora. Usted se preguntará ¿qué hace a estas horas por aquí? pues bien, soy panadera y ahora mismo estoy trabajando. Así es, entro a la una de la madrugada y hasta que no amanece no acabo mi jornada. La verdad es que amo muchísimo mi trabajo y créame que las noches también tienen su misterio. Yo, por ejemplo, ahora mismo estoy disfrutando de la mucha música que usted comparte. Posee usted una sensibilidad poco común entre la mayoría de los mortales.

    Además de elogiar su buen trabajo, y digo bueno, por no decir excelente; me gustaría hacer hincapié en su canal de youtube. Mi hijo fue admirador suyo y suscriptor durante los buenos tiempos de su difunto canal. Recuerdo que casi siempre estaba contándome las cosas que había aprendido y repitiendo aquello de, ¡aprendo más con este canal que casi con cualquier clase de música!. Yo, a pesar de lo mucho que trabajo, le apoyo económicamente y de cuando en cuando con alguna clase de esas que llaman magistrales. Pero desde que conoció su blog y su antiguo canal de youtube casi cada día me dice "las clases magistrales, la mayoría, solo buscan vaciarnos el bolsillo". Yo no quiero entrar en debates de ningún tipo pero me consta que los verdaderos docentes, con auténtica vocación son como usted. Enseñan lo que pueden y desde donde pueden pero de corazón. O, al menos, así lo he sentido yo a través de mi hijo durante todos estos años.

    Y usted volverá a preguntarse, ¿y qué hace esta simple panadera de barrio contándome estas historias? pues, la verdad es porque estoy muy orgullosa de ver lo que mi hijo ha mejorado en este tiempo gracias a sus enseñanzas a través de este blog. Y hoy, justo antes de venir al trabajo, me retó y me dijo: ¡a que no te atreves a escribir un comentario en su blog! y fíjese que yo no tengo mucha formación y creo que no me estoy a la altura de escribirle pero, de corazón, le digo que ojalá hubiese más personas como usted. Ojalá. Al menos ese es mi deseo esta noche mientras escucho el aria de Julio César que usted, de tan buen agrado, como siempre, comparte.

    Le saludo muy afectuosamente al calor de mi humilde horno y, en mi caso, solamente podría ofrecerle como muestra de agradecimiento un poco de pan....hecho con mucho corazón.

    Maria Pinedo

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    1. Estimada María:

      En primer lugar, quiero decirle que en ningún caso la considero a usted «una simple panadera de barrio», tan noble y necesario considero su oficio como el de nuestro amigo en neurocirujano Henry Marsh; tal como dije en la entrada dedicada a este último, creo de todo corazón que todos y cada uno de los miembros de la sociedad debemos realizar nuestro cometido dentro de la misma con igual responsabilidad, amor y entrega: entre todos formamos una cadena, y de sobra es sabido que la resistencia total de una cadena es igual a la del eslabón más débil de esa cadena. Personalmente siento un afecto especial por su oficio; muy cerca de mi casa hay un horno desde el que cada madrugada, cuando me levanto, sale un aroma que percibo como algo entrañable, un aroma que proviene desde la más remota madrugada de los tiempos y que me hace sentir el significado de la palabra «hogar». Comprendo que ame muchísimo su trabajo: yo, sin haberlo practicado jamás, también puedo decir que lo amo, y me gustaría mucho poder practicarlo, aunque fuese de una manera eventual, ver y sentir por mí mismo todo el proceso de crear una humilde y gloriosa barra de pan. La felicito por su sensibilidad. También me alegro mucho de que la música que se puede escuchar en nuestro blog la acompañe en sus nocturnos quehaceres.

      No puede imaginar lo mucho que me alegra la experiencia de su hijo con el canal que tuvimos en YT, así como con el blog que todavía poseemos. Puede sentirse muy orgullosa de su hijo: es capaz de aprender por sí mismo, mediante su propio criterio, con una actitud crítica y una opinión que se ha formado él mismo sobre las cosas. No le falta razón, y no quiero ensombrecer este comentario con juicios que a la fuerza serían poco favorecedores sobre las malas prácticas con las que se llevan a cabo muchas, la mayoría, de las actividades que se supone deberían estar plenamente creadas por y para el aprendizaje de nuestros jóvenes. Por favor, felicite a su hijo de mi parte, y si es tan amable dígale que siga así, con la mente abierta, con la atención despierta, que siga siempre la máxima que nos dejó nuestro gran Ortega y Gasset, dedicada a quienes ejercemos el humilde oficio de profesores: «Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas»; sólo teniendo presente este consejo el aprendizaje es algo activo, recíproco, y no un mero engullir lo que alguien pretende que traguemos ya masticado. Dígale también, que, si en algún momento quiere hacerme alguna consulta personal, puede hacerlo escribiéndome mediante el enlace que, debajo de la portada del blog, puede encontrar en «Contribuyentes: Carlos»; en la medida de mis modestas posibilidades procuraré ayudarle.

      Le agradezco de corazón su comentario. Y también le agradezco ese poco de pan que me ofrece; me parece sentir su calor y aroma, escuchar cómo cruje entre mis dedos, saborear su antiquísimo sabor con no menos antiquísimo deleite.

      Reciba un afectuoso y muy cordial saludo.

      Carlos Gimeno

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  2. Apreciado Maestro Carlos:

    Aprovecho para saludarle, agradecerle esta entrada de blog que realmente me fascina y compartirle el susodicho libro a todas las personas que se acerquen a visitarle. Lo dejo en mi drive tanto en epub como en pdf. Espero que lo disfruten, estudien y valoren. Merece la pena, como usted bien dice.

    https://drive.google.com/open?id=1XVnyMLdVWkO7nwj8P7accTZsfhHV0L-j

    Saludos cordiales,

    Manuel González

    PS, Tuvo mucho éxito su blog durante mi presentación en clase. No lo dudaba en absoluto. Felicitaciones de parte de toda la clase.

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    1. Manuel muchas gracias por el libro en epub. Pensaba comprarlo pero menos mal que he pasado por aquí. Eres genial.

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    2. Estimado Manuel,

      Muchas gracias por su comentario y colaboración con nuestro blog. Me alegro mucho de que le parezca fascinante el libro que se comenta en esta entrada. Usted, como estudiante de algo relacionado –de alguna manera– con la profesión de Marsh, –la mente humana y su instrumento, el cerebro–, debe apreciar muchas cosas que al resto se nos escaparán; lo que todos sin excepción podemos apreciar es el inmenso valor humano que contiene, tanto el libro como el documental.

      Me alegro del «éxito» que pudo tener mi blog en su presentación, al tiempo que me sorprende y llena de sana curiosidad: me hubiera gustado mucho presenciar su presentación, como suele decirse, por un agujerito. Le ruego que transmita mi gratitud a toda su clase por sus felicitaciones hacia mi humilde persona.

      Reciba un muy afectuoso y cordial saludo.

      Carlos Gimeno

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  3. Amigo Carlos, ¡está movido el barco esta noche! el contador de visitas ha subido como la espuma....del mar. Confirmo que su tripulación sigue a sus órdenes.

    Un abrazo amigo,

    Federico C.

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    1. Estimado amigo Federico:

      Sí, parece que esta noche, la última del invierno, algo ha recorrido el frío cielo y surcado los oscuros mares y ha puesto en movimiento un resorte en el interior de muchas personas que, como usted, han tomado la decisión de pasarse por aquí y dejar testimonio de su visita. Agradezco esa magia que me ha obsequiado con sus amables y siempre bien recogidas visitas.

      Un fuerte abrazo, amigo Federico.

      Carlos Gimeno

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  4. Yo también estoy leyendo ese libro. Gracias al compañero que lo ha compartido. Qué alegría ver un blog tan colaborativo.

    Un saludo Maestro,

    Richard

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    1. Estimado Richard,

      Tiene usted mucha razón, es una alegría y un placer disfrutar de un blog así de participativo, en el que todos y cada uno de nosotros somos igualmente necesarios, y en el que cada cual contribuye con aquello que le es posible y estima oportuno. Me alegro de que esté leyendo el libro, creo que, sin pretenderlo, transmite un valioso mensaje, así como que contiene no menos valiosos ejemplos: la honradez, el altruismo, la entrega, todos ellos valores que es muy difícil ver en la sociedad actual, al menos en lo que se nos muestra por los medios.

      Reciba un afectuoso y muy cordial saludo.

      Carlos Gimeno

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  5. Queridos amigos: Les escribo, en primer lugar, a todos ustedes juntos para luego hacerlo personalmente a cada uno de ustedes, creo que la ocasión así lo requiere y merece.

    Menudo aluvión de comentarios en esta la última noche del invierno. Es fantástico comprobar que de una manera espontánea un heterogéneo grupo de personas se concitan con un fin tan desinteresado como el que aquí nos reúne: comentar, charlar, compartir, agradecer, todo ello de una manera respetuosa y sosegada, sin intereses particulares de ningún tipo, sin manipulación del lenguaje, con sinceridad, todo ello tan alejado de lo que constantemente nos toca ver y escuchar en boca de casi todo el mundo que circula y acapara los informativos televisivos. Yo hace siglos que no tengo televisión, tan sólo procuro ver los noticiarios al menos una vez al día a través de internet para intentar estar un mínimo al corriente de lo que ocurre, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, y digo procuro porque cada vez me cuesta más trabajo hacerlo y muchos son los días que no lo hago, tan hastiante me resulta escuchar los monólogos absolutamente mendaces y descabellados de los protagonistas de eso que se viene a llamar «la actualidad». Por esta razón, me siento muy contento de que entre todos hayamos creado un espacio en el que se pone de manifiesto que, además de la historia oficial, plagada de proselitismos, manipulaciones, mal gusto, vulgaridad y otras lindezas de similar índole, existe una «intrahistoria» tan real o más, aunque oculta y silenciosa, a la vez que silenciada por una inercia de ordinariez y malas prácticas, una intrahistoria escrita por personas honradas y sencillas, que desde los tan modestos como nobles lugares que ocupamos en la sociedad, sin ningún afán de protagonismo ni de lucro personal de ningún tipo, hablamos tanto como escuchamos, intentamos dar tanto como sin esperarlo recibimos. Me gustaría pensar que todo esto supone un pequeño rayo de luz en medio de la cegadora oscuridad que los medios de comunicación y las llamadas redes sociales esparcen e imponen a una ciudadanía cada vez más adormecida por la narcotizante palabrería mendaz encharcada en unos «temas de actualidad» que sólo interesan a sus manipuladores protagonistas.

    Por todo ello les estoy muy sinceramente agradecido.

    Afectuosamente suyo,

    Carlos Gimeno

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