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domingo, 15 de abril de 2018

UNA AÑO MÁS, LAS GOLONDRINAS


 
No es la primera vez que hablo de ellas en el blog, tanto es así que, quizá, alguien piense que soy un poco pelma… Si a esto añadimos que el otro día hablaba de un pájaro solitario que viene a darme los buenos días cada mañana quizá alguien piense que tengo pájaros en la cabeza, es posible…

Esta mañana, hace un rato, he escuchado las primeras golondrinas de este año. Puntuales, como todas las primaveras, a mediados de abril, el mes más bonito del año, se han dado una vuelta por las azoteas de mi pequeño barrio, viejos tejados que propician cientos de recovecos en los que están situados los viejos nidos. No deja de asombrarme; unas aves tan pequeñas que sean capaces de volar miles de kilómetros y encontrar, año tras año, el nido en el que vienen procreando desde vete tú a saber cuándo.

El verano pasado filmé, con el móvil, el paso de un grupo de estas avecillas en torno a un viejo puente por el que suelo pasar en mis casi diarios paseos. Por si alguien entre ustedes todavía no sabe cómo cantan estos alegres pájaros aquí les dejo el vídeo, un vídeo mal filmado, pero en el que se les puede ver revolotear y chillar.


¿Por qué le doy tanta importancia al canto de los pájaros? Por muchas razones. 

Por un lado, porque pienso que debemos reconocer las pocas muestras que de la naturaleza todavía son perceptibles en las ciudades; pienso que en las escuelas ya no se enseñan las cosas esenciales de la vida; pienso que nuestros jóvenes y nuestros niños se pasan la vida de cara a las pantallas de sus dispositivos, lo cual no es que sea malo en sí mismo, sino que lo es porque esas pantallas absorben por completo su atención y dejan de mirar a esa otra cosa que se llama vida: el cielo, la noche, las caras reales (no virtuales) de sus familiares y amigos, los pájaros, los árboles… Con los auriculares puestos no se puede escuchar lo que te cuenta un vecino, un amigo, ni el ladrido de un perro, ni el canto de los pájaros, ni el murmullo del viento al pasar entre las ramas de los árboles. 

Por otro lado, porque estoy convencido de que es mucho más valioso lo que nos cuenta la naturaleza en sus múltiples manifestaciones que lo que nos cuentan tantos y tantos siniestros personajes, una vez más, a través de las pantallas, de Twitter, de WhatsApp, de Facebook, etcétera-etcétera, mediante las que nos llenan la cabeza, o eso intentan, de tantas y tantas paparruchas. Si perdemos el contacto con la realidad, es decir, con la naturaleza, y sólo miramos y escuchamos la realidad virtual, y la que se inventan estos siniestros personajes, al final ya no seremos personas, si no es que ya hemos dejado de serlo, y no tengo ni idea de en qué cosa nos convertiremos.

Aunque parezca que tengo la cabeza llena de pájaros… O, incluso mejor: ojalá tenga la cabeza llena de pájaros.
 
Con las golondrinas nos llega la voz de la vida renovada, de la alegría de vivir, de la esperanza, la voz de la naturaleza. Sólo una cosa anuncian que me inquieta: el calor, ya está aquí el calor, un calor que pronto se volverá insoportable y no nos dejará hasta el próximo octubre o noviembre, ah, el insufrible calor que nos achicharra por estas tierras…

9 comentarios:

  1. Estimado Marstro Carlos:

    Gran sorpresa me llevo que, mientras estoy leyendo una de sus entradas, crea usted una nueva. Además, he estado mirando el contador de visitas y creo que los 3 millones están más cerca de lo que parecen. Qué alegría Maestro. Y qué bellas las golondrinas.

    Reciba un cordial saludo,

    Isabel Billoch

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    1. Estimada Isabel:

      En este momento veo que hemos rebasado los tres millones en unos pocos cientos. Muchísimas gracias por su visita y por su amable comentario. Sí, las golondrinas suponen una gran alegría.

      Reciba un cordial y atento saludo

      Carlos

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  2. ¡¡3 millones a la vista!!!! Llamando a toda la tripulación. Formen filas para saludar al exponente más condecorado de este G&P: nuestro Capitán Carlos ¡bravísimo!!

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    1. ¡Bravo Maesto Carlos!! Buen trabajo.

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    2. Muchísimas gracias, amigo Federico, amigo Richard, sí, esto va que vuela, más que un barco parece un fuera borda...

      Y gracias al ánimo que ustedes me dan seguiremos adelante. Cuento con su ayuda y con su apoyo.

      Un fuerte abrazo

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  3. Bravo, bravo y bravo Carlos. Qué pasada....yo sigo soñando con ser la visitante número 6.666.666 y creo que, siguiendo así, podría hacerse realidad. Las golondrinas dicen que dan suerte. Eso cuentan, Yo voy a fumar un rato mientras lo medito.

    Un abrazo que se lo merece, ¡qué fuerte más de tres millones. Esto ya no es un barco, vamos a tener que montar una flota. Qué alegría me ha dado la voz de alarma de nuestro Federico. Se echaba de menos.

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    1. Querida Alejandra:

      Estoy seguro de que con la mano que tiene usted con los números será la visitante que desee. Muchas gracias por su visita, por su comentario, y, sobre todo, por su contagioso entusiasmo. Y, cómo no, por su siempre bienvenido abrazo. Montaremos una flota, una escuadra y una armada, y lo que haga falta, eso sí, siempre en son de paz, la guerra la dejamos para las novelas.

      Un fuerte abrazo, mi querida Alejandra

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  4. Pues sí, ya están aquí!

    Esta misma mañana, desde el azud de Fortaleny. Cientos de golondrinas dando tumbos sobre el río, se alimentan de toda clase de insectos y bichejos, con la sierra de Corbera al fondo.

    https://drive.google.com/open?id=1dMy-VgmAuhWuYqc9vY-4hkwqK878sZGp

    La calidad es malísima, pero nos podemos hacer una idea de la bonita estampa.

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    1. Esa es otra de las virtudes de estas magníficas aves: nos libran de mosquitos y otros molestísimos bichos, aunque siempre se escapan demasiados. La calidad no es tan mala, es incluso mejor que la del vídeo que yo subí, y el pasiaje es precioso.

      Muchas gracias, un fuerte abrazo.

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