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martes, 19 de junio de 2018

JOHANNES BRAHMS - INTERMEZZO Op. 119. Nº 1


Desde hace algún tiempo parece que me haya olvidado de las miniaturas: de que tanta atención merece el vasto cielo como el breve trino de un pájaro. Las últimas entradas las he dedicado a largos vídeos y películas. Y no está mal. Pero hace tiempo solía dedicar entradas a piezas menores, algún movimiento de una sonata, alguna bagatela. Y parece que, una vez puestos a subir interesantes documentales, cualquier otra cosa me parezca poca cosa, cuando, en realidad, no es así, ni mucho menos. Sigo pensando que la miniatura encierra tanta belleza, y grandeza, como la obra de grandes dimensiones, no he dejado de pensar y sentir así ni un solo día de mi vida, ni un solo minuto.

Es por eso que hoy, aunque tengo preparados algunos vídeos para subir, voy a dedicar esta entrada a una pieza breve, entre otras razones porque la llevo en la mente, y a ratos también procuro en los dedos, desde hace días; suena en mi cabeza en el silencio de la noche, y también suena en la realidad cuando procuro tocarla en mi viejo piano. Es una música que define a la perfección mi actual estado de ánimo, y al revés, mi estado de ánimo se materializa en sonido cuando toco esta pieza. La relación con el arte, con la música, es bidireccional: nosotros la escuchamos, pero ella también escucha nuestra tristeza y la arropa. Escucho en mi mente las notas exactas, la pieza completa, pero también escucho, en instantes sueltos, su esencia, su alma entera sólo por un instante: y ella también absorbe mi alma entera por un instante.

Johannes Brahms dedicó los últimos años de su vida a escribir composiciones de pequeñas dimensiones. Cuando ya había dado por terminada su obra, escrito su catálogo, todavía escuchó en su interior voces que quiso plasmar por escrito, consiguiendo de ese modo regalarnos algunas de las piezas más bellas, más íntimas salidas de su mente. El Intermezzo para piano Op. 119, Nº 1, es una de esas piezas, y una de las últimas que escribió para piano solo. Siempre he pensado que Brahms, en estos postreros años, libre de compromisos, pudo dedicarse a sumergirse en los numerosos manuscritos de grandes obras del pasado que había coleccionado a lo largo de su vida, y estoy convencido de que imitó texturas, procedimientos, estructuras de esas viejas obras para sus últimas y más personales composiciones. En esta pieza veo claramente lo que en el barroco alemán llamaban, grosso modo, Ligaturen: en determinados momentos, cuando se realiza un arpegio, en lugar de soltar las teclas una vez finalizada cada nota del mismo, se dejan bajadas –y así las notas se quedan ligadas, de ahí el nombre–, con lo que se consiguen unas resonancias que pueden llegar a ser asombrosas. Para mí que, en esta breve pieza, Brahms recupera aquel viejo procedimiento y consigue convertirlo en moderno y atemporal, logrando unas armonías deliciosas, una auténtica caricia para los oídos y para los sentidos.

Brahms mantuvo una estrecha relación durante toda su vida con la que fue esposa de su maestro, Robert Schumann, la gran pianista y compositora Clara Schumann, Clara Wieck de soltera. Desde el primer momento que la conoció que quedó hechizado por el encanto de esta mujer excepcional. Una vez fallecido Schumann, la relación entre Johannes y Clara se mantuvo estrecha, y nos consta que mantuvieron un intenso epistolario, aunque las cartas que lo constituía las destruyeron por común acuerdo. No sabemos la dimensión que llegó a alcanzar esa relación; sabemos que cuando Clara murió (mayo de 1986) Brahms quedó profundamente afectado, y también el murió al año siguiente, cuando contaba tan solo 63 años de edad (abril de 1897). 












Sin embargo, conocemos una carta que escribió Brahms a Clara a propósito de esta composición. De esa carta sólo conozco una traducción al inglés, por lo que no traduciré literalmente. En ella, Brahms dice a Clara que su composición está llena de disonancias (las Ligaturen  mencionadas), y que sabe que serán muy de su agrado. Le dice que las hay correctas, ortodoxas podríamos decir, pero que también –quizá dejando algún dedo bajado un instante más– se puedan conseguir disonancias incorrectas, no ortodoxas, pero más agradables y apetitosas para el gusto de Clara (y así es: supone una gran tentación no tocar con exactitud la pieza y dejar que se formen algunas disonancias más de las estrictamente escritas para degustar la enigmática y asombrosa belleza que consiguen). También le dice que la pieza ha de tocarse muy despacio, y que es excepcionalmente melancólica. Y creo ver un poco de sentido de humor en Brahms cuando le dice a Clara que cada nota debe sonar como un ritardando, como si uno quisiese succionar la melancolía de todas y cada una, con lujuria y placer por esas disonancias, y aquí viene el sentido del humor, cuando le dice: «Dios mío, esta descripción quizá despierte tu deseo». Con lo que también, quizá podamos entender la melancolía como una invitación a la sensualidad…

Se han grabado infinidad de versiones de esta pieza, y del conjunto al que pertenece, constituido por otras tres piezas más que cierran el opus 119 y con el que finaliza Brahms su dedicación al piano solo. ¿Cuál escoger? He buscado las que hay de Richter, pero he encontrado problemas: una de ellas tiene un audio muy malo, y otra forma parte indisoluble de todo el opus: esta última, desde luego, es una interpretación soberbia, la mejor que he escuchado, aunque todavía encierra una pega más: al ser grabada en directo, se escucha una importunísima tos durante bastantes compases. Y, bueno, al fin y al cabo, lo que nos importa es la música de Brahms. Por ello me he decidido por una que no está nada mal, y tiene la ventaja de estar muy bien grabada en estudio. La interpreta un jovencísimo pianista ruso llamado Philipp Kopachevsky, y con él les dejo.


Philipp Kopachevsky

4 comentarios:

  1. Estimado Maestro Carlos:

    Esta noche de insomnio me atrevo a escribirle porque el romance que hubo entre Brahms y Clara es algo que desde la psicologia me apasiona. Esta obra, tal como usted la comenta creo que fue compuesta con fines amatorios, por decirlo amablemente. Y creo que nuestro Brahms casi con total seguridad consiguió su propósito. La pieza es bellísima y muy sensual. Perfecta para ayudarme a conciliar el sueño. Muchísimas gracias y buenas noches/días ya mismo.

    Saludos cordiales maestro Carlos,

    Manuel

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    1. Estimado Manuel:

      Siento lo de su insomnio, yo también he pasado unas noches padeciéndolo y sufriendo sus secuelas los días siguientes. Me alegro mucho de que esta pieza bellísima le ayude a paliarlo.

      La historia de amistad y amor entre Johannes y Clara es digna de un estudio serio y profundo, que seguro se habrá llevado a cabo en ámbitos germano parlantes. Es más que probable que mientras Brahms escribía esta composición estuviese muy presente en su espíritu la figura de Clara: la disonanacia, empleada tal como lo hacía Brahms, es equivalente a la caricia, es su representación y expresión musical. Qué tiempos aquellos y cómo han cambiado las cosas, al menos en sus formas externas.

      Han sido buenos, muy buenos días: tras varias noches de insonmio esta pasada ha sido de un sueño bastante reparador, que buena falta me hacía.

      Le deseo a usted un muy buen día y le saludo muy cordialmente.

      Gracias por su amable comentario.

      Carlos

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  2. Mark, sensacional su comentario, muchas gracias.

    Un cordial saludo

    Carlos

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